Semana #7 Lectoescritura Grado 10 Olga Lucia Ruiz

SESIÓN #13
Introducción
Aunque se esté de acuerdo con muchos autores en afirmar que un texto o discurso es dialógico, es decir, que su significado se construye en el encuentro entre autor y lector a través de la lectura, también se debe defender la idea de que buena parte de la aceptabilidad del discurso se consigue a través de recrear en él las características básicas que lo puedan catalogar como un discurso bien elaborado. Conseguir elaborar un discurso que goce de la mayoría de las cualidades que aquí se tratarán, es tarea y responsabilidad de cada miembro de la comunidad académica. De la misma manera, al acercarse a los discursos de los demás, se debe estar en capacidad de identificar cada uno de esos elementos, para así mejorar y perfeccionar las habilidades lectoescriturales y llegar a niveles altos de comprensión y producción.

Unidad

Desde un punto de vista netamente semántico, un discurso consigue proyectar unidad en la medida en que desarrolle un tema a lo largo de su extensión. Los diferentes enunciados que conforman un discurso deben seguir “hablando de lo mismo” durante cada apartado, segmento u oración.
No perder el hilo del tema en ningún momento es conseguir la unidad discursiva. Esto puede conseguirse con una planeación detenida, que asegura sin más que de principio a fin de un texto se esté extendiendo o ampliando el tema central del discurso. Hay unidad discursiva, principalmente, cuando se cumplen los objetivos planteados al inicio del texto, cuando las conclusiones recogen las ideas desarrolladas, cuando los argumentos expuestos y sustentados son los más pertinentes y cuando no se divaga ni se hacen rodeos sobre subtemas de poca importancia para la globalidad temática.

Precisión

La lengua española es tan rica en léxico y modos de creación lingüística, que es posible encontrar matices de significación muy sutiles pero bien diferenciados en palabras distintas. “Suave”, “dulce”, “tierno” pueden ser sinónimos en algunos contextos, pero su significatividad debe estar acorde con aquello a que hacen referencia. Se debe enriquecer constantemente el léxico que usamos en la cotidianidad, pero más aquel acervo lexical referido a nuestro campo de estudio o de trabajo. Hay que tener en cuenta que la lengua brinda una palabra adecuada para cada objeto, fenómeno, idea o proceso. La precisión consiste en utilizar la palabra que refleja con exactitud lo que se quiere decir.
El nivel de comprensión en relación con el significado del léxico supera con creces la cantidad de palabras que usamos en nuestro discurso. Comprendemos mucho más de lo que podemos producir. La apropiación y el uso constante oral y escrito de nuevo léxico es la tarea de aquí en adelante. Elaborar glosarios particulares de palabras nuevas, técnicas, científicas y ponerlas en práctica en situación comunicativa, siempre teniendo en cuenta que el significado con el que se esté asociando sea preciso y exacto, ayudará notablemente a sacar adelante un potencial léxico acorde al nivel de estudio, de profesionalismo y de erudición.
Evitar las palabras “comodín”, como “hacer”, “cosa”, “asunto”, “montón”, y cambiarlas por el término más adecuado y preciso en cada caso, evitará la vaguedad y la ambigüedad del mensaje:

Ejemplo:
“¡Felicitaciones¡ Sacó la mejor nota de laboratorio”. El término “sacar” es impreciso, pues las notas se “obtienen”.

Concisión

La característica discursiva de la concisión guarda relación con la capacidad cognitiva de sintetizar. Realizar una síntesis implica tomar de un texto original únicamente las partes relevantes que construyen su significado global. Así, hacer que un discurso sea conciso es decir únicamente lo que sirva para la construcción del mensaje, lo importante.
Por lo anterior, los textos que no son concisos son abundantes en redundancias y palabras innecesarias que logran desviar la atención del lector o volver ambiguo el discurso. A veces, algunos autores pretenden ampliar sus ideas a partir del uso de palabras poco conocidas o de expresiones sinónimas, por lo que “cargan” el texto de diferentes sentidos que sólo consiguen confundir su lectura e interpretación. 
Un discurso conciso hace gala de la economía lingüística al utilizar las palabras necesarias en el espacio adecuado, es decir, un texto no debe llenarse de cargas semánticas irrelevantes sólo por hacer más largo el escrito.
Palabras irrelevantes, innecesarias y redundantes convierten un mensaje sencillo en una construcción lingüística ambigua que altera una comunicación eficiente y la comprensión del mensaje. Se trata entonces de:
▪ No repetir ideas; la reiteración debe hacerse en la medida en que se considere que un enunciado no es suficiente para entender un concepto.  
▪ No definir nuevamente conceptos ya indicados.
▪ No brindar información irrelevante que no aporta sentido al discurso.
Un ejemplo de discurso carente de concisión, que se escucha a diario en los medios de comunicación y del cual ya se han creado parodias como la siguiente, es:
“No me gusta, me disgusta, me enfurece el desplazamiento lateral, convergente, tangente, tangencial, por los bordes, por las mangas, de ese jugador”.
Al contrario, el siguiente texto es bastante conciso:
“Seré curioso. A mediados del año pasado, mientras esta guerra se estaba incubando, George W. Bush declaró que ‘debemos estar listos para atacar en cualquier oscuro rincón del mundo’. Iraq es, pues, un oscuro rincón del mundo. ¿Creerá Bush que la civilización nació en Texas y que sus compatriotas inventaron la escritura? ¿Nunca escuchó hablar de la biblioteca de Nínive, ni de la torre de Babel, ni de los jardines colgantes de Babilonia? ¿No escuchó ni uno solo de los cuentos de Las mil y una noches de Bagdad? Eduardo Galeano, La Jornada, México, DF, miércoles 19 de marzo de 2003”.

Corrección o propiedad

La lengua española puede expresarse en términos de un sistema o modelo de generación y construcción de mensajes discursivos que obedecen a una serie de reglas de elaboración de sentidos. Por ello, un mensaje lingüístico construido a partir de una correcta interpretación de esas normas asegura también una comunicación eficiente.
En el uso, la lengua está siempre expuesta a que algunos cambios o modificaciones hechos por los hablantes, que aunque no alteran en su totalidad el significado, puedan alejarse de los patrones gramaticales establecidos como criterios de unidad normativa. No se trata entonces de ser dogmáticos o impositivos en el seguimiento de reglas gramaticales, pero sí de respetar en la medida de lo posible la lengua, a fin de perseguir una corrección lingüística que pueda dar cuenta del buen uso y del aprecio por el idioma y, además, sirva como reflejo de la búsqueda de mejoramiento de las manifestaciones discursivas.
El discurso en general, y el discurso académico, especialmente, deben contribuir eficazmente en el seguimiento de los siguientes criterios de corrección para la construcción de oraciones y enunciados aceptables en la lengua:
▪ El uso apropiado de una entonación lógico-semántica que complemente el sentido del discurso oral y, en el ámbito escrito, el empleo de las pautas de puntuación que no permitan interpretaciones ambiguas del texto.
▪ El buen manejo de los patrones de acentuación de las palabras y, consecuentemente, el uso de los diacríticos ortográficos en su forma escrita, refiriéndose concretamente a la forma de tildar.
▪ El conocimiento de la pronunciación correcta de los sonidos de la lengua y el uso de las letras o grafemas en la escritura que, acordes con los criterios que la etimología, el uso y la fonología, se han propuesto históricamente.
▪ La concordancia gramatical. Por citar sólo algunos ejemplos, entre los sujetos gramaticales y los verbos en la construcción de las oraciones:“un grupo que estudian la física y la matemática”* (grupo-estudia); también en el uso del verbo haber: “han habido”* (ha habido); concordancia de número:
“un alto índice de pruebas bastante elevados”* (elevado).
▪ En relación con la conjugación verbal, la coordinación de los tiempos y modos verbales y el uso apropiado del gerundio.
▪ El manejo del uso correcto de las preposiciones: “en relación a”* (con).
Existen más criterios, pero sólo se han mencionado algunos de los más frecuentes en aras de ejemplificar el fenómeno de la “incorrección”. Como usuarios de la lengua, manejamos relativamente bien estos criterios; escuchar con atención y leer con detenimiento permite fijar cada vez más los patrones gramaticales. Además, escucharnos y corregir nuestras propias manifestaciones discursivas es la mejor vía para perfeccionar estas habilidades lingüísticas.

Claridad

Todo mensaje debe ser planeado y enunciado en términos de su destinatario o perceptor. Cuando el emisor o enunciador concibe y manifiesta un mensaje, pensando en que quien lo vaya a recibir no tenga problemas para interpretarlo o que no deba hacer demasiado esfuerzo en comprenderlo, seguramente conseguirá claridad en el enunciado. La claridad del discurso tiene que ver con la habilidad para que los mensajes sean expresados de forma tal que no impliquen dificultad de entendimiento en quien los recibe.
Un discurso claro no tiene por qué ser un discurso simplificado. El contenido de los mensajes debe atenerse a otras características, como la precisión y la concisión; sin embargo, también debe estructurarse un contenido que se entienda, que sea manejable. El esfuerzo del emisor debe ser muchísimo mayor, en la medida en que debe agotar los recursos que le permitan al perceptor comprender las ideas plasmadas en el mensaje, para que el destinatario entienda fácilmente. Así, un discurso claro puede ser largo, mientras consiga su objetivo: facilitar la comprensión.
La claridad discursiva se puede lograr utilizando algunas estrategias como:
▪ Ilustrar las ideas o conceptos por medio de gráficos, imágenes, cuadros, etc.
▪ Dar ejemplos concretos de las definiciones y las explicaciones que se hagan.
▪ Utilizar comparaciones, analogías o recursos metafóricos que mejoren la comprensión de las ideas expresadas.
▪ No extender demasiado una idea a través de oraciones largas o de gran complejidad sintáctica. Al contrario: es mejor hacer uso de oraciones breves en secuencias lógicas, bien expresadas.
Algunos textos, especialmente los informes científicos u otros altamente especializados, parecieran disminuir el nivel de claridad discursiva y elevar el nivel de precisión, por el uso de una terminología científica tan especializada. Sin embargo, ningún discurso, por académico o científico que sea, debe perder de vista el alcance de difusión, divulgación y audiencia que se obtiene a través de la claridad discursiva.
El siguiente ejemplo ilustra la elaboración de dos mensajes; el primero se dirige a un público especializado, y el segundo, a un público general:
¿Por qué titilan las estrellas?
▪ “El titileo es debido al paso de los rayos de luz por distintas bolsas de aire de la atmósfera. Algunas están más frías que otras y refractan de una forma diferente los rayos de luz. Entonces, cuanto más pequeño sea ese disco aparente, más percibiremos cambios en la trayectoria de la luz”.
deeper_space, www. asociacionhubble.org, foros de discusión, Asociación J. Astronómica Hubble.
▪ “Las estrellas son fuentes de luz muy pequeñas y distantes. La luz que emiten parece titilar para un observador en la Tierra, debido a los constantes desvíos que enfrentan en el paso a través de la atmósfera.
Estos desvíos son causados por diminutas “burbujas” de aire más frío o caliente, que hacen que la luz cambie constantemente de dirección. Por esa misma razón parecen titilar las luces de una ciudad vista de lejos”.
MSc. Luz María Moya, Universidad de Costa Rica.


Originalidad

La manera como un individuo expresa ideas sin tener que acudir a frases elaboradas por otros, la estructuración propia de un discurso a través de la apropiación del conocimiento, la recursividad para la explicación, la autenticidad con que muestra sus intenciones al verbalizar las ideas, hacen parte de la originalidad discursiva.
El discurso de cada persona debe ser la elaboración particular de experiencias, lecturas, aproximaciones a los demás discursos, que, una vez asimilados y comprendidos, entren a formar parte de un acervo académico específico. Sólo así se puede citar con originalidad sin llegar al plagio, integrar el conocimiento de otros al propio, para manifestar explícitamente y de manera inédita una información renovada, actualizada en términos de haber pasado por un proceso de comprensión y producción.
La originalidad está muy relacionada con el estilo. La personalidad y el carácter deben verse reflejados en la construcción de los mensajes. El manejo del tema, la integración de la información, el uso de recursos verbales y no verbales en la comunicación, darán a la construcción del mensaje un estilo propio cuyos efectos serán la efectividad y la credibilidad y mostrarán el grado de compromiso entre el emisor y el mensaje.

Brevedad

Esta cualidad del discurso tiene una relación cercana al mensaje, a su duración. Paul Grice, estudioso de la filosofía, la pragmática y la comunicación, estableció los principios para alcanzar una buena conducta comunicativa, dentro de los cuales determinó las famosas máximas conversacionales. “Cuando estés en un acto comunicativo, coopera”. La máxima de cantidad, “Di lo justo”, alude precisamente a la economía en la información que se debe brindar en un discurso. 
¿Qué se debe economizar? Palabras, frases o enunciados innecesarios, pues ya la idea está suficientemente expresada de manera clara y precisa. Algunas veces, por querer cubrir más tiempo o espacio en la presentación de cualquier tipo de discurso, se buscan mecanismos para “alargar” los textos. En la mayoría de estos casos sólo se consigue aburrir al enunciatario y, de paso, bajar el nivel de credibilidad. “¿Por qué dice lo mismo tantas veces; será que no confía en sus palabras?”, puede llegar a pensar quien lee o escucha.
“Si bueno y breve, dos veces bueno” sería la frase adaptada al caso de la construcción del discurso. Sin embargo, la brevedad no debe entenderse como el uso de un discurso simple y lacónico o telegráfico. Si las definiciones, las afirmaciones o las síntesis no son suficientes para la comprensión del mensaje, habrá que utilizar el tiempo y el espacio necesarios para completar la información que se pretende transmitir. “Sé breve, pero eficaz”.  

Adecuación

Cada hablante de la lengua dispone de una gama de posibilidades o variedades de manifestación del discurso. El lenguaje brinda la enorme ventaja de poder expresarse teniendo en cuenta factores tan diversos como la identidad grupal, la situación donde se presente una interlocución, y el grado de cuidado con que se hable o escriba.
El enunciador debe elegir qué tipo de manifestación es la más apropiada para cada caso. En esto consiste la adecuación discursiva. El hablante elige una variedad, un registro y un estilo de habla, así:
Una variedad de habla, acorde a los rasgos de identidad grupal:
▪ Variedad estándar (vea el apartado 2.6). Expresiones normativas y de prestigio.
▪ Variedad dialectal. Expresiones locales y regionales.
▪ Variedad social. Expresiones citadinas, grupales, barriales, de jergas, de argot.
Un registro de habla, acorde a la situación comunicativa que se presente:
▪ En la academia.
▪ En el consultorio.
▪ En la cafetería.
▪ En un juego.
▪ En el estadio.
▪ En un encuentro casual.
Un estilo, según el grado de atención que el hablante le dedique al lenguaje en un momento específico:
▪ Formal, cuando se expresa verbalmente con cuidado y esmero, como en una conferencia o al presentar una certificación o recomendación escrita, por ejemplo.
▪ Informal coloquial, cuando las manifestaciones verbales son muy espontáneas y el enunciador no presta mayor atención al lenguaje. Ejemplos de este estilo son el chateo y las conversaciones telefónicas con amigos.

Armonía

Cada enunciado debe mostrar un equilibrio entre lo que se dice y la forma en que se dice. Un discurso armónico y ameno mostrará la mayor compatibilidad entre el mensaje y su forma, de manera tal que dicha concordancia ayuda a que el enunciado adquiera estilo y simpatía para los perceptores.
Por una parte está la manera en que se expresa el enunciador, el “tono” o la intención con la que se emite el mensaje: la ironía, la displicencia, el compromiso, la superficialidad, la trascendencia, cada una de ellas puede modificar o alterar la comprensión de un tema. Cada mensaje requiere ser expresado con su debido “tono” o “intención”. Por ejemplo, cuando un conferencista alude a un testimonio de una autoridad en la materia, pero no le da la seriedad que requiere, no deja una buena impresión en el público sobre ese autor.
De otro lado, en la construcción de un discurso es importante tener en cuenta aspectos de la forma para no incurrir en disonancias o formas que desentonan, elementos cacofónicos y monótonos, que hacen perder armonía y amenidad al texto:
▪ Evitar la repetición de palabras y de terminaciones iguales y similares, rimas.
▪ Equilibrar la aparición de pausas y la longitud de los párrafos.

Cohesión

También desde el punto de vista de la forma, los enunciados que componen un discurso deben presentarse a manera de estructura; es decir, deben estar relacionados o conectados entre sí. La cohesión se logra, principalmente, mediante los siguientes recursos:
▪ Elementos léxicos como sinónimos, hiperónimos e hipónimos, que permiten la sustitución y la alusión referencial (casa, hogar, vivienda, habitación).
▪ Uso de pronombres, adverbios y demostrativos, que aluden a sujetos, elementos, espacios y momentos ya nombrados o que se mencionan más adelante. Estos recursos se conocen como deícticos (yo, eso, aquí, que, aquella, ahora).
▪ Uso de conectores lógicos o elementos de enlace lógico entre los enunciados, como aquellos referidos al tiempo (antes, luego, etc.), a relaciones de causa-consecuencia (por lo tanto, entonces, debido a, etc.), entre otros.
▪ Omisión o elipsis de elementos gramaticales, como en los siguientes ejemplos: “Andrea vino en la mañana; Lina, en la tarde”, “Se matricularon todos los estudiantes de Ciencias Exactas; están por homologar los de Ingeniería”.
▪ Concordancia entre los tiempos verbales usados en los enunciados (se pretendía, se  creía, etc., o pensaron, creyeron, etc.).
▪ Relación temática. Cada enunciado debe aludir o aportar al tema central del discurso.
▪ Marcadores discursivos. Expresiones que relacionan las ideas, como aquellos de orden (en primer lugar, de una parte), de aclaración (es decir, esto es), entre otros.

Coherencia

La mayor exigencia desde el punto de vista del significado del discurso está referida a su coherencia. El discurso se relaciona extratextualmente con un contexto situacional y un contexto cultural. Por ello, la información que se desee explicitar en el mensaje debe conllevar relevancia y estar estructurada jerárquica y semánticamente.
La coherencia es ese hilo conductor del discurso que le permite ser interpretado y develado como una unidad lógica. Decimos que un texto es coherente cuando sus ideas están planteadas de tal forma que adquieren y transmiten un sentido pleno, completo, unitario.
“Ganga. Bien ubicada, tres plantas, trifásica, rentable, recibo menor valor. 8467880 noche” es un discurso coherente, en la medida en que al ser interpretado satisface los requerimientos de significatividad que el perceptor busca en él y adquiere pleno sentido para el contexto en el que fue creado.
Puede afirmarse, entonces, que un discurso comporta una red de relaciones situacionales, pragmáticas, semánticas y sintácticas, todas ellas de importancia en la interlocución y el intercambio comunicativo.

Bibliografía

González Rátiva, M. C. (2008). Expresión oral y escrita. Medellín: Universidad de Antioquia.
SESIÓN #14
Introducción
La construcción del discurso escrito exige una aplicación rígida de las características discursivas ya revisadas aquí. Por ello, al “escribir como se habla”, se crean textos muchas veces incompletos, ambiguos y carentes de cohesión y coherencia. El discurso escrito debe ser independiente y autosuficiente para cumplir con su parte en la significatividad que adquiere en el encuentro con el lector. Ese proceso se logra a través del párrafo como unidad conceptual y expositiva del discurso escrito y su relación con la idea central y la oración principal.

Párrafo e idea central  

Desde el punto de vista formal, los párrafos se hacen visibles o gráficos a través de bloques de texto escrito, separados espacialmente. Funcionalmente, cumplen papeles estructurales en el discurso escrito. Semánticamente, cada uno de ellos se organiza alrededor de una idea central.
El párrafo desarrolla una idea, que se llama central porque constituye la médula o la esencia de todo lo allí escrito. La idea central puede estar o no explícita en el párrafo; en este caso, debe reconstruirse a partir de las ideas que el autor presenta. La idea central de un párrafo responde a las preguntas: ¿de qué trata y qué se dice acerca de eso? A continuación se presenta un ejemplo: 
Tomado de: Zubiría, Ramón de. La dignidad del coraje. Bogotá: Uniandes- ICC, 1998, p. 185.
“En estos tiempos que vivimos, de la atomización y la insularidad, cuando todo aparece desvertebrado, dislocado o suelto, cuando los varios campos del saber humano pretenden configurar mundos autónomos, inconexos entre sí, a veces francamente contrapuestos, como es el caso de ‘las dos culturas’, casi imposible nos resulta imaginar que, en otras edades, hubiese existido una integración entre las diversas clases de conocimiento, una concepción unificante de todos los grados del saber. Sin embargo, sabemos que aquella unidad originaria existió y mantuvo su vigencia por largos siglos, evidenciada particularmente en el marco de la Educación o, lo que es lo mismo, en la disposición de los aprendizajes puestos al servicio del hombre”.
Al responder a las preguntas arriba señaladas, tenemos que el párrafo anterior: 1) trata acerca de la unificación del conocimiento, 2) dice que esa unidad existió en el ámbito educativo. 
Podemos afirmar entonces que el párrafo desarrolla la siguiente idea central: 
“La unificación del conocimiento existió en el ámbito de la Educación”.

Párrafo y oración principal  

El párrafo debe cumplir con el criterio de corrección; por tanto, las subdivisiones formales del párrafo corresponden a oraciones. En un párrafo, cada punto seguido debe marcar el final de una oración y el comienzo de otra, hasta terminar en punto aparte. Cabe anotar aquí que la generalidad es el uso del punto para señalar la oración; sin embargo, sabemos que otros signos de puntuación pueden desempeñar este papel (!? …).
La oración o las oraciones que constituyen el párrafo deben aportar semánticamente a construir la idea central del mismo. Una de las oraciones que conforman el párrafo reúne más que las demás la información de la idea central. A esta oración se le denomina oración principal; ella recoge, sintetiza o expresa mejor que las otras, la idea central del párrafo. Las oraciones que la acompañan deberán estar ligadas a ella por razones de coherencia y aspectos de cohesión.
Miremos un ejemplo:
Tomado de: Ortiz, Francisco. “Oralidad y escritura en las lenguas indígenas”. En: Enseñanza de lenguas en contextos multiculturales. Bogotá:
ICC, Celikud, Universidad del Atlántico, 2002, p. 102.
“En el ámbito de la educación indígena, la oralidad, lejos de constituirse en un obstáculo, es un recurso esencial para desarrollar la escritura. El encuentro de la generación oral de los mayores con la de los jóvenes que están en el proceso de adquisición de la escritura debe aprovecharse para verter a lo escrito el rico acervo de tradiciones orales. La afirmación más contundente a favor de la complementariedad de la oralidad y la escritura la encontramos en la declaración de Saramago cuando dice que nunca conoció a nadie más sabio que su abuelo, quien aunque no sabía leer ni escribir, le transmitió las enseñanzas vitales que lo impulsaron hacia la escritura”.
Este párrafo consta de tres oraciones. En las tres se habla de la relación oralidad y escritura. La última es un ejemplo, la segunda es una propuesta y la primera es una afirmación que presenta la relación que para el autor existe entre los elementos temáticos. Por tanto, esa primera oración se convierte en la oración principal del párrafo, es la que incluye a las demás: “En el ámbito de la educación indígena, la oralidad, lejos de constituirse en un obstáculo, es un recurso esencial para desarrollar la escritura”.

Párrafo, oración principal e idea central 

Una idea puede desarrollarse en el párrafo de manera explícita; es decir, llevarse al plano escrito de manera literal, o desarrollarse a través de varias ideas del párrafo. El lector reconstruye la idea central, esencial, la sintetiza, resume de lo expuesto en el párrafo por el autor. Al agrupar oraciones que tratan de un mismo asunto se construye un párrafo, pero estas oraciones deberán estar cohesionadas y formar una unidad coherente, lógica. El lector deberá notar estas características a través de la legibilidad del discurso.
Si se hace explícita la idea central en una oración, por ejemplo, al inicio del discurso, ésta constituye la oración principal del párrafo. Las oraciones que sigan deberán apoyar, complementar y actuar como oraciones secundarias en pro de desarrollar semánticamente diversos aspectos de la idea central del párrafo. El lector encontrará la oración principal del párrafo si ha construido adecuadamente la idea central del mismo. A continuación se presenta un ejemplo:
Tomado de: Rodríguez Acevedo, Germán Darío. “Ciencia, tecnología y sociedad: una mirada desde la Educación en Tecnología”. En: Revista
Iberoamericana de Educación, nº 18, Organización de Estados Iberoamericanos septiembre-diciembre de 1998.
“El aprendizaje de la tecnología en la escuela ha sido, por lo general, algo marginal, aislado y de baja categoría; son varios los factores que han contribuido a esta marginalidad: en primer lugar, la imagen social, que tradicionalmente la ha relacionado con la preparación en oficios u ocupaciones específicos, de carácter vocacional y con intenciones laborales en alguna rama de la producción; en segundo lugar, la concepción de la tecnología como aplicación de la ciencia, lo cual, a pesar de la gran cantidad de evidencia empírica que refuta lo anterior, incide con fuerza en la estructura del currículo escolar, desde la educación básica hasta la universidad (los estudios de ingeniería, por ejemplo, parten de estudiar primero los principios científicos y luego las aplicaciones en campos específicos); en tercer lugar, la visión cultural occidental, que infravalora la actividad práctica y, pese a que la Educación en Tecnología implica una relación teórico-práctica, la reflexión sobre su importancia no ha tenido aún cabida en la escuela; en cuarto lugar, la presencia de la informática y de los computadores en todos los ámbitos, tanto cotidianos como especializados, ha originado una gran tendencia a considerar la Educación en Tecnología como sinónimo de alfabetización en computadores o de aprendizaje de principios informáticos”.
▪ ¿De qué trata el párrafo? Aprendizaje de la tecnología en la escuela.
▪ ¿Qué dice? Hay cuatro factores que han contribuido a su marginalidad: la imagen social, la concepción aplicada, la visión cultural occidental, la tendencia a considerarla una alfabetización en informática.
▪ Idea central: la marginalidad del aprendizaje de la tecnología en el ámbito escolar se ha dado, principalmente, por cuatro factores: imagen social, concepción aplicada, visión cultural occidental y la tendencia a considerarla una alfabetización en informática.
▪ Oración principal: “El aprendizaje de la tecnología en la escuela ha sido, por lo general, algo marginal, aislado y de baja categoría”.
Para terminar, puede afirmarse que el discurso escrito es una unidad total constituida por unidades menores como la oración e intermedias como el párrafo. Es una red donde cada elemento se relaciona, las oraciones principales se relacionan con las secundarias formando unas unidades un poco más complejas llamadas párrafos, que desarrollan ideas centrales o asuntos, y ellos a su vez se relacionan entre sí formando la unidad superior, el texto o discurso.

Bibliografía

González Rátiva, M. C. (2008). Expresión oral y escrita. Medellín: Universidad de Antioquia.


Introducción
La información contenida o expresada en un párrafo a través de ideas conectadas por una temática específica puede ser categorizada según el nivel de importancia para la comprensión de la globalidad del discurso. Así, hay ideas que se recogen en una oración denominada temática o principal, e ideas plasmadas en oraciones secundarias o complementarias, que apoyan, ilustran o ejemplifican el tema. Ubicar cada tipo de oración en un párrafo determina el nivel de comprensión lectora y guía su escritura y desarrollo.

La oración principal o temática   

La oración principal sintetiza la idea expresada en el párrafo. Por ello también se le conoce como oración temática. Consta de dos partes: un tema y un comentario. El tema de la oración principal debe estar muy bien delimitado para poder desarrollarlo. Asimismo, el comentario expresado en la oración principal debe ser uno solo y estar expresado de manera clara y precisa; otro comentario exige la presencia de otro párrafo. De igual manera, marcar la oración principal de un párrafo determina el nivel de comprensión. Algunas veces, una idea interesante, un dato importante o un ejemplo desvían la atención del lector hacia oraciones secundarias, relegando la oración principal y disminuyendo la comprensión de la temática general del discurso.
Hay que tener muy en cuenta que cada oración del párrafo ayuda al sentido global del discurso. Por ello, la selección de una oración principal depende de la temática general, que se obtiene del nivel anterior de lectura, la prelectura o el paratexto, y en el caso de la escritura, de la temática planeada. Miremos un ejemplo:
Tomado de: Ruano, Alberto. “Gutenberg conquistador”, La Tadeo, n.º 68, Bogotá, primer trimestre de 2003, p. 10.
“Con la misma dedicación consagrada a la conservación de los cuerpos, atestiguada por la confección de momias para la posteridad, los egipcios atesoraron también las palabras, vehículo mayor de la comunicación, en papiros de elaboración muy prolija. El célebre Libro de los muertos, conjunto de oraciones que constituyen una especie de visa al más allá, nos llegó bajo esta forma de fibra papirácea”.
De las nueve ideas que presenta este párrafo, una de ellas se destaca como la más importante, y puede señalarse a través de una oración principal y completa:
“los egipcios atesoraron también las palabras”. Otras ideas se expresan como apoyo: los egipcios se dedicaron a conservar cuerpos, a confeccionar momias, las palabras son vehículo de comunicación, los papiros se elaboraban cuidadosamente, el Libro de los muertoses un conjunto de oraciones, el Libro… se conserva en forma de papiro.

La oración temática inicial

Cuando la oración principal o temática va en el inicio del párrafo, presenta o introduce el tema. Cuando esta oración temática es una generalización que se va a desarrollar a lo largo del párrafo, éste se conoce con el nombre de párrafo deductivo.
La estructura del párrafo deductivo, de lo general a lo particular, exige la presencia de la oración temática al inicio del párrafo. Veamos un ejemplo:
Tomado de: Ruano, Alberto. “Gutenberg conquistador”, La Tadeo, nº 68, Bogotá, primer trimestre de 2003, p. 13.
“Los libros, rigurosamente manuscritos y copiados por amanuenses, eran artículos suntuarios y muy costosos. Antes de la prensa, un volumen de modestas 200 páginas, en cuarto de pergamino, consumía aproximadamente el cuero de doce ovejas. Era un objeto precioso y destinado de manera exclusiva a una estrecha elite. Los escasos volúmenes eran celosamente guardados en las bibliotecas monacales bajo cadenas y candados. Tales precauciones, si bien ilustran el espíritu reinante de la época, acaso fueran exageradas, pues el interés por la lectura no debía ser demasiado si tomamos en cuenta, según estimaciones, que apenas uno de cada treinta habitantes de Europa sabía leer”.
La primera oración del párrafo sintetiza el contenido del mismo. El tema: los libros. El comentario: suntuarios y costosos. Las siguientes dos oraciones respaldan el comentario. La oración temática es una generalidad que se ejemplifica, desarrolla o particulariza en las siguientes dos oraciones. Luego se presenta un comentario adicional: “escasos y celosamente guardados”. La última oración manifiesta una opinión del autor respecto a este comentario y un dato de interés en el ámbito de la lectura, relacionada con la temática central.
En el terreno de la producción discursiva, hay que tener en cuenta que aquellas ideas que se planean para escribir un texto son la base para el desarrollo del mismo. Una técnica de escritura consiste en convertir esas ideas en oraciones y desarrollar párrafos a partir de estas oraciones, eligiéndolas como temáticas iniciales; luego se buscan y se escriben nuevas oraciones que respalden o apoyen esa oración temática inicial. La oración temática al inicio facilita la labor de escritura y desarrollo de párrafos a la vez que le permite al lector un mejor seguimiento del discurso.

La oración temática final 

La oración principal puede estar ubicada al final del párrafo. Cuando remata el bloque de información, resume lo expuesto o concluye; es decir, adquiere una estructura inductiva. Se presentan los casos, las particularidades, los ejemplos, los detalles, etc., como preparación para una generalidad, una conclusión de lo expresado. Veamos un ejemplo:
Tomado de: Gutiérrez, Claudio. “El libro, ¿especie en vías de extinción?”, Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica, XXXV, San José, 1997. http://claudiogutierrez.com/El_libro.html
“Los lectores láser miniaturizados y las pantallas planas ultralivianas permitirán muy pronto consultar una biblioteca virtual en el lecho o mientras viajamos en autobús, lo que llevará prácticamente a la identificación del libro físico (que mantenemos entre las manos) con la biblioteca virtual. Otras complejidades enriquecedoras vendrán del campo de la inteligencia artificial, con los llamados sistemas expertos, especie de hipertextos capaces de razonar automáticamente dentro de campos especializados y contestar preguntas de usuarios humanos o de otros hipertextos. Los futuros bancos de conocimientos serán capaces de elaborar informaciones y de contestar preguntas tomando en cuenta el modelo del interlocutor, muy como los seres humanos hacemos intervenir las ideas que tenemos sobre nuestros semejantes en la interpretación de sus mensajes. Esta situación en cierta forma acercará la comunicación de la era informática a la de la era oral, por sus elaboraciones y sus contenidos emotivo-estéticos, pero con mucha mayor riqueza y fidelidad a la realidad”.
La conclusión a la que llega el autor es una inferencia de los casos particulares que presenta en el párrafo. Todo el párrafo prepara al lector para una oración principal: “Esta situación en cierta forma acercará la comunicación de la era informática a la de la era oral, por sus elaboraciones y sus contenidos emotivoestéticos, pero con mucha mayor riqueza y fidelidad a la realidad”.

La oración temática medial 

La oración principal puede estar ubicada después de una o varias oraciones que preparan su aparición; luego de presentarse la oración temática, se desarrollan otras ideas complementarias o secundarias. La estructura de un párrafo con oración temática medial es inductiva-deductiva, como en el siguiente caso:
Tomado de: Santa, Eduardo. “La montaña de papel”. La Tadeo, nº 65, Bogotá, primer trimestre de 2002, p. 45.
“La sociedad se ha convertido, pues, en una especie de monstruo devorador de papel en todas sus formas. Pero lo único que ella conserva son las montañas de papel impreso, en las grandes bibliotecas, hemerotecas que, entre otras cosas, ya empiezan a causar serios problemas de espacio y organización. Desde su invención en la remota Antigüedad, han pasado muchas cosas por el mundo, han florecido y muerto culturas, pero el papel sigue siendo el mismo como elemento insustituible para la escritura. Todo ha ido pasando y relegándose al olvido en este proceso dinámico de la historia. La misma imprenta de tipos móviles inventada por Gutenberg está quedando atrás al ser sustituida por las modernas técnicas de impresión fotoelectrónica, pero el papel sigue ahí y seguirá quizá por muchos siglos”.
La relación entre el papel y la sociedad, y los problemas de espacio que el papel causa, son las ideas que presenta el autor como preparación para la oración temática del párrafo: “Desde su invención… el papel sigue siendo… elemento insustituible para la escritura”. Las dos oraciones finales son ideas complementarias de la oración principal.
Una vez ubicada la oración temática, es conveniente revisar la delimitación del tema, la claridad y precisión del comentario, además de la relación efectivamente secundaria o de apoyo de las otras oraciones presentadas en el párrafo. Recuerde: la oración temática debe contribuir a la comprensión de la idea central del discurso.

Bibliografía

González Rátiva, M. C. (2008). Expresión oral y escrita. Medellín: Universidad de Antioquia  

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