SESIÓN #7
Elementos de la comunicación humana
Introducción
Los seres humanos vivimos en sociedad. La manera de relacionarnos entre sí es a través de un proceso de comunicación, entendido éste como la producción e interpretación de mensajes que conllevan información y que nos permiten transferirla e interactuar con los demás. El proceso de la comunicación humana está constituido por varios elementos que deben funcionar para cumplir el propósito o intención de cada interacción: la comunicación del mensaje. Sin comunicación no hay interacción. “Poner en común” implica la unión de voluntades.
El mensaje
El mensaje es aquello que pretende ser comunicado; una construcción de significado, o enunciado, propuesto por un emisor o enunciador para ser transferida o transmitida con el ánimo de hacer parte de una interacción con un perceptor o enunciatario. El mensaje contiene información, que llega a ser significativa en la medida en que sea interpretada como tal por el enunciatario. De esta manera, hay señales, muchas señales que, aunque propuestas, no alcanzan a llegar al nivel de mensaje precisamente por el hecho de que no fueron “captadas” por el perceptor. El emisor
El emisor es quien construye el mensaje. En la comunicación humana, la persona que envía un mensaje es la fuente del mensaje, quien lo origina. En una situación de interacción verbal, al emisor se le conoce también como enunciador (figura6.1).
Figura 6.1. Un emisor colectivo: una “barra” deportiva.
El perceptor
El perceptor es quien recibe el mensaje. En la comunicación humana, la persona a quien va dirigido el mensaje actúa como enunciatario. Es él quien participa en la interacción verbal como intérprete del mensaje, lo actualiza y hace posible que se cumpla la comunicación. Podemos afirmar que la significación del mensaje se completa cuando el enunciatario interviene como interlocutor eficaz de la comunicación.
El código
El sistema de señales que utilizamos para interactuar comunicativamente con los demás es el código. El mensaje o enunciado generalmente está construido sobre la base de un código específico (sonidos, palabras, colores, trazos, movimientos, etc.) compartido por emisor y perceptor. En la comunicación cotidiana, la mayoría de las veces hay una alternancia de códigos en la transferencia de mensajes; imágenes, colores y palabras (figura 6.2) hacen parte de la construcción del mensaje publicitario, por ejemplo. En la comunicación verbal, la lengua o idioma constituye el código de mayor uso; en nuestro caso, el español.
Figura 6.2. Recepción colectiva de un mensaje.
El canal
El canal es el medio físico de transmisión de las señales. En la interacción real cara a cara, el aire es el medio de transmisión. La ciencia y la tecnología han permitido la creación y puesta en marcha de diversos canales o medios de comunicación: el papel, el teléfono, la televisión, la radio, la Internet.
El referente
La realidad, los objetos, procesos y fenómenos que se convierten en signos de la comunicación humana, hacen parte del conjunto de referentes o del qué de la construcción de los enunciados.
Esquema de la comunicación humana
Los elementos de la comunicación humana pueden verse en la figura 6.3. Se destaca del esquema que los papeles de enunciador y enunciatario son intercambiables en la medida de su participación espaciotemporal como emisores o perceptores de los enunciados.
Figura 6.3. Esquema de la comunicación humana.
La situación comunicativa
Encontramos una situación comunicativa cuando el mensaje ha llegado con éxito a su destino; por ello, cuando afirmamos que no hay interacción sin comunicación, estamos diciendo que sólo a través de la comunicación, de la transmisión efectiva de mensajes, se logra una verdadera y efectiva interacción entre seres humanos. Por supuesto, emisores y perceptores, enunciadores y enunciatarios, deben participar, poner en comunión” sus pensamientos e ideas para lograr el objetivo de la comunicación.
En este sentido, hay que tener en cuenta otros aspectos de la comunicación, relacionados con la situación comunicativa:
▪ Roles sociales de los participantes: las relaciones entre los interlocutores están mediadas por el papel social que cumple cada uno de los participantes de la situación: jerarquías laborales, grados de consanguinidad, estatus, autoridades, etc.
▪ Lugar de la interacción: la casa, la cafetería, el aula, el consultorio, etc., pueden determinar cambios en la construcción de los enunciados.
▪ Actitudes de los interlocutores: agresividad, pasividad, impaciencia, etc.
▪ Estados de ánimo: euforia, alegría, tristeza, etc.
▪ Cultura: costumbres, tradiciones, adhesión a grupos específicos de la sociedad.
▪ Sistema de valores: ideologías, valoraciones políticas y religiosas, etc.
Cada vez que una persona “comunica” algo a otra, interviene cada uno de los elementos vistos y se tiene en cuenta cada uno de los aspectos situacionales tratados.
Además, en la comunicación humana entran en juego, aparte del sistema verbal de la lengua, otros códigos o sistemas de significación construidos, inventados o reinventados por el ser humano. Una interacción comunicativa es un fenómeno complejo de coexistencia y superposición de sistemas simbólicos sociales y culturales.
La comunicación humana es un proceso complejo de integración de elementos, factores y funciones.
Bibliografía
González Rátiva, M. C. (2008). Expresión oral y escrita. Medellín:
Universidad de Antioquia.
SESIÓN #8
Lenguaje y medios de comunicación
Introducción
Los medios masivos de comunicación nos brindan la posibilidad de estar en contacto con muchas variedades de uso de la lengua. Libros, publicidad, televisión, prensa, radio e Internet utilizan la lengua como excusa para difundir ideas, persuadir, vender, etc. Los medios sirven además como modelos y patrones de habla para todas las generaciones, acelerando el cambio lingüístico. Por ello, hay que estar atentos al qué y al cómo nos están transmitiendo la información a través del lenguaje.
Las normas lingüísticas y el medio escrito
La tarea de conocer y manejar las normas gramaticales para el buen uso del lenguaje no es sólo labor de gramáticos, lingüistas y docentes en idiomática. La mayor responsabilidad sobre la corrección lingüística recae en los escritores, los periodistas y los publicistas. Debido a la gran influencia de los medios en el uso del lenguaje, estos profesionales, que tienen la opción de “corregir” antes de publicar libros, prensa y avisos, deben tener un excelente dominio del arte de la buena escritura. Además, existe en las empresas editoriales, publicitarias y de prensa, la figura del “corrector”, quien revisa los originales y mejora los textos escritos. El grado de normatividad de estos medios es tan alto, que de allí es de donde las academias y las entidades idiomáticas toman el ejemplo del uso correcto de la lengua. La difusión de estos medios a través de la tecnología le da aun más relevancia a la relación norma-uso.
Teniendo claro este panorama, ¿hay razón para que se vean incorrecciones lingüísticas en estos medios escritos? La rapidez con que debe salir a la luz pública un texto en estos medios puede en parte justificar algunos errores idiomáticos. De éstos podemos aprender mucho. En la prensa hay columnas dedicadas a los “gazapos” o aquellas incorrecciones lingüísticas en que han caído los escritores de prensa (figura 7.1). La lectura atenta de estas columnas especiales sobre el idioma puede ayudar a descubrir y a asimilar algunas normas para escribir bajo las reglas de la composición y la redacción en la lengua.
Seguir la norma lingüística no es anquilosarse o quedarse en el casticismo de la lengua. Todo lo contrario: es renovar y respetar continuamente la tradición histórica de una lengua de gran prestigio mundial, el español, y encaminarla cada vez más hacia el progreso. No respetar sus reglas es agredirla, destruirla y menoscabarla.
Estilo, terminología y extranjerismos
Los distintos tipos de géneros creados en cada uno de los medios debido a la audiencia a la que van dirigidos y la intención con que se han desarrollado, tales como los programas de opinión, de farándula, de deportes, las secciones especializadas en la ciudad, en el campo, en la tecnología, la publicidad estática o con imagen, los géneros literarios, etc., dan lugar a una amplísima gama de estilos o modos propios de transmisión de los mensajes. Así, la crónica, la opinión, el reportaje, devienen en un estilo propio que a su vez viene cargado de léxico especializado en áreas y de palabras venidas de otros idiomas o extranjerismos. Un ejemplo: ¿vale la pena utilizar la palabra show cuando en nuestra lengua existe el término espectáculo? El avance tecnológico no da tiempo a las lenguas de plantear reflexiones sobre posibilidades de traducción de términos. Así, muchas palabras de la informática y la cibernética se usan a diario, algunas veces respetando la ortografía y pronunciación de su lengua de origen (click, p.e.), y otras veces transmutando el término y adaptándolo a la pronunciación de nuestro idioma (resetear, p.e.). Aceptar todos estos nuevos términos es necesario, siempre y cuando haya conciencia de su utilización, cuando no exista el término apropiado en la lengua española y en la medida en que no desentonen con la gramática del idioma (tabla 7.1).
Tabla 7.1. Algunos anglicismos innecesarios y su correspondencia al español.
De igual manera, profesionales y especialistas que colaboran con los medios en entrevistas, presentaciones, etc., utilizan cada vez más un léxico tan especializado que atenta contra la comprensión del mensaje. ¿No se tiene en cuenta el enunciatario? Por el destinatario es que realmente está hecho el medio. Si el mensaje está planeado para ser transmitido, difundido y oído por el público, sería muy conveniente disminuir el uso de terminología científica, imprescindible para la academia y el desarrollo científico, en pro de su difusión y entendimiento a través de un lenguaje más común y accesible a toda la población receptora. Tener presente el auditorio antes de la construcción de mensajes es una excelente manera de asegurar la buena comunicación.
Registro y medios orales
La calidad de la norma idiomática y el respeto por ella se ven fuertemente modificados en el uso que de la lengua hacen los medios orales de comunicación, como la radio y la televisión (figura 7.2). La existencia de gran cantidad de programas juveniles, de farándula y de deportes, donde se cree que el nivel de sintonía se consigue mediante el uso de registros informales de habla, de jergas y vulgarismos, de neologismos y barbarismos, hace que se difundan con mucha celeridad patrones erróneos de pronunciación, de léxico y de construcción de frases en la lengua.
El objetivo de estos medios debe ser todo lo contrario: brindarle a la sociedad modelos lingüísticos que promuevan la riqueza y unidad de la lengua. Esto de ninguna manera riñe con el tipo de registro utilizado en estos programas; es decir, se puede transmitir con informalidad, pero con corrección y norma idiomática. La inmediatez de las narraciones en vivo, de las entrevistas al aire y de la divulgación de rumores y notas de farándula no tiene por qué ser excusa para no manejar un nivel de lengua apropiado para todo el mundo, una variedad estándar que demuestre responsabilidad social, profesionalismo y conocimiento de su herramienta básica de trabajo, el idioma.
Medios, lenguaje y equidad
A través del lenguaje se transmiten también modos de pensar, actitudes, valores e ideas sobre las prácticas sociales y políticas; los enunciados reflejan realidades sociales que, tal vez sin darnos cuenta, interiorizamos en el aprendizaje de la lengua, y propagamos y difundimos en la comunicación. Al leer o escuchar los mensajes de los medios, asimilamos los pensamientos de otros que efectivamente quieren que pensemos detal o cual forma. Muchas de las palabras que a diario usamos reproducen discriminación, desigualdad, exclusión, racismo. Términos como “persona de color”, “anciano”,“pobre”, “prostituta”, “inválido”,
“subdesarrollado”, “drogadicto” contienen una carga significativa despectiva o excluyente.
Los medios de comunicación también tienen la responsabilidad de no reproducir tales situaciones diferenciales. Por esencia, los medios deben ser imparciales y democráticos y deben promover la pluriculturalidad y la ausencia de la diferencia como bandera. Organizaciones sociales de mujeres, minorías sociales, discapacitados, etc., se han dado a la tarea de abogar por el derecho de no aparecer lingüísticamente, o por medio de la imagen y la fotografía, en forma discriminada. La lucha por la igualdad y la equidad debe ser de toda la sociedad. ¿Por qué la imagen de la mujer siempre aparece como objeto de deseo y venta en la publicidad o rodeada de los oficios propios del hogar?
¿Por qué en el medio escrito aparecen todavía “los hombres” para referirse a la humanidad “los niños” por la infancia, “los ciudadanos” por la ciudadanía, excluyendo a las mujeres y a las niñas en el discurso?
El lenguaje de los medios continúa siendo sexista, inequitativo. En el habla coloquial seguimos usando términos y frases que muestran prejuicios, que son despectivos y antidemocráticos; el enunciado “ese sí es mucho indio”, para hablar de una persona, aunque se diga desprevenidamente, muestra la falta de respeto y valoración por nuestras culturas indígenas. Es cierto que “el lenguaje políticamente correcto” a veces es eufemístico (“adulto mayor” por “anciano”, que parece ser despectivo), pero también hay que ser consciente de que a través del lenguaje también se crean nuevas realidades, y si el uso de las palabras ayuda a mejorar una condición social, por algo se empieza.
Bibliografía
González Rátiva, M. C. (2008). Expresión oral y escrita. Medellín:
Universidad de Antioquia.




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