SESIÓN #6
Introducción
Plasmar las ideas a través de diagramas o esquemas es organizar la información ara que de manera gráfica o dibujada se presenten las relaciones entre elementos y se facilite su comprensión. La simplicidad es el principio de toda organización gráfica. De ahí que sirva como un excelente recurso para sintetizar, aclarar, dilucidar y ejemplificar el contenido de cualquier discurso. Como herramienta de trabajo académico, los organizadores gráficos están presentes en varias tareas: la planeación, la explicación y el resumen, entre otras. La elaboración de esquemas o gráficos de organización de ideas facilita la presentación y explicación de conceptos, fenómenos o procesos. La visualización de gráficos o dibujos favorece la retención y comprensión de los datos allí suministrados.
¿Qué es un esquema?
Un esquema es una construcción gráfica, producto de una lectura profunda y analítica. Es considerado como una estrategia útil para facilitar la comprensión y la producción discursiva; permite, además, el desarrollo de la capacidad de síntesis y de análisis. Los esquemas permiten establecer relaciones entre las principales ideas de un texto de manera organizada. Se caracterizan por ser claros, por utilizar palabras claves y por generar impacto visual, ya que la información se organiza a través de gráficos.
Existen muchas clases de esquemas; algunos resultan más útiles que otros en determinados casos, dependiendo de la finalidad de su elaboración y de las ideas o los datos que contengan. A continuación se presentan unos tipos de gráficos que pueden servir como pautas de organización de las ideas.
Diagrama
Es una representación gráfica en la que se establece relación entre palabras claves y frases breves. El diagrama empieza a formarse a partir de la idea central o palabra temática desde la cual se ramifican de manera arbórea las palabras relacionadas.
Se caracteriza por ser un esquema muy sencillo, claro y breve. El diagrama es útil por ejemplo para delimitar un tema, como organizador de lluvia de ideas, ya que permite ver distintos aspectos o características de un concepto o tema específico. También permite visualizar las características o atributos en el caso de una descripción. Sin embargo, la información suministrada por el diagrama no está jerarquizada, ni determina orden de importancia ni relación entre los diversos elementos señalados (figura 13.1).
Figura 13.1. Diagrama
Diagrama asociativo
Es un mapa visual que representa las relaciones existentes entre varias categorías de información. Este es uno de los esquemas más recomendables como paso previo a la escritura, porque facilita la fluidez de las ideas y su organización en torno a un tema; es útil para solucionar problemas y elaborar planes. Como diagrama de estudio, por ejemplo, sirve para delimitar la idea central y, a partir de ella, determinar ideas secundarias y aspectos relacionados con cada idea.
Para su elaboración se debe ubicar el tema o concepto principal en el centro, y las ideas asociadas en los enlaces hacia fuera, en todas las direcciones para aprovechar el espacio. Las ramas que surjan deberán ordenarse según la importancia en relación con el tema central, y cada concepto anexo deberá cumplir con nuevas asociaciones igualmente ordenadas. La originalidad es la característica principal de este esquema, ya que su autor puede dibujar y diseñar cada rama de manera diferente en formas, colores y aspectos, para diferenciar y retener mejor la información (figura 13.2).
Ejemplo:
Figura 13.2. Diagrama asociativo
Diagrama de flujo o flujograma
En este tipo de esquema se visualizan las etapas, los pasos, las actividades o las operaciones sucesivas de un proceso o procedimiento. Para ello se utilizan símbolos gráficos, especialmente flechas y figuras geométricas que indican el inicio, la continuidad, la interacción, la etapa final, el resultado y el flujo secuencial.
Los símbolos más utilizados en los flujogramas son:
En cada etapa puede agregarse información sintética, dependiendo de la finalidad del esquema. Por ejemplo, puede indicarse el responsable de cada paso, las listas de materiales, los recursos necesarios, la función de los elementos o los integrantes, la relación con un documento, etc. El proceso y cada etapa deben responder como mínimo a las siguientes preguntas: ¿qué, quién, dónde, cuándo, cómo?
Los manuales, las instrucciones de manejo, las guías de procedimiento, son textos que pueden aprehenderse con mayor eficiencia si se acompañan de diagramas de flujo que indiquen claramente el proceso que describen. De igual manera, la elaboración de trabajos en grupo, actividades de planeación, proyectos por ejecutar, e incluso tareas sencillas por realizar, pueden acompañarse de estos flujogramas, lo que va a permitir una revisión y una evaluación constantes de su desarrollo (figura13.3).
Figura 13.3. Flujograma.
Línea de tiempo
Los datos cronológicos y los eventos sucedidos en secuencias temporales se pueden representar de manera gráfica sobre una línea de tiempo. En ella se establece una escala o partición temporal de acuerdo con los lapsos de tiempo y el número de sucesos que el esquema deba cubrir. Sobre la escala, que puede ser horizontal o vertical, se ubican puntos o líneas que indican el tiempo de aparición del evento. Así se va organizando la información temporal y se visualiza mejor la evolución. Si se pretende ser más creativo en este gráfico, se pueden agregar símbolos o dibujos relacionados con los datos referidos (figura 13.4).
Esquema de clasificación jerárquica
Cuando los datos expresados o que se quieren expresar en un texto están organizados de manera que establecen relaciones de orden o jerarquización, pueden plasmarse en un esquema de clasificación. En este tipo de diagramas la información se recrea de lo más general a lo particular o específico; la información se presenta de manera deductiva y cada nivel esquematizado indica pertenencia a un nivel mayor.
Aspectos, subdivisiones, microdivisiones; temas, subtemas, subtemas de los subtemas; clase mayor, clases menores, subclases, etc; cada una de estas jerarquizaciones se acomoda a este tipo de esquema. Los organigramas
empresariales son un buen ejemplo de esquema de clasificación jerárquica (figura 13.5).
Mapa conceptual
Es una de las técnicas, dentro de la teoría del aprendizaje significativo, más difundidas en el ámbito educativo. Se caracteriza principalmente por facilitar la visualización de la información de manera inmediata y por establecer relación clara, precisa y jerárquica entre los conceptos claves de un tema. El mapa conceptual consta de nodos que representan los conceptos y de palabras enlace que los relacionan entre sí. Un mapa conceptual es una unidad de conocimiento.
Resulta sencilla la elaboración de esta clase de esquemas, siempre y cuando se tenga claridad sobre la información que se desea organizar. Para ello, previamente se debe hacer una lectura cuidadosa del tema, extraer las ideas principales y conceptos claves, lo cual se logra a través de la técnica del subrayado. Esto permite desmembrar el texto para jerarquizar la información y relacionarla coherentemente. En el mapa conceptual, los conceptos se representan en círculos llamados nodos.
Hay que distinguir las tres clases de conceptos que incluye el mapa conceptual:
▪ Supraoordenados (mayor nivel de inclusividad).
▪ Coordinados (igual nivel de inclusividad).
▪ Subordinados (menor nivel de inclusividad).
El mapa conceptual incluye, además de los conceptos nodales, palabras de enlace que se representan por medio de líneas rotuladas, uniendo los conceptos entre sí; conceptos y enlaces constituyen proposiciones. Debe tener en cuenta que para su elaboración se debe ubicar la palabra temática en la parte superior del gráfico (figura13.6).
Figura 13.6. Mapa conceptual.
Mentefacto conceptual
El mundo de un concepto, según la pedagogía conceptual, puede representarse en un diagrama de categorización denominado mentefacto conceptual (figura 13.7).
En él se representa una idea de la misma manera que lo hace hipotéticamente la mente a través de la inteligencia.
Un concepto o una idea se convierten en un instrumento de conocimiento, una noción mental, representada en el mentefacto. En cada esquema se indaga la información necesaria y posible para conocer un concepto, el cual se enmarca en un recuadro doble ubicado en el centro del gráfico.
El mentefacto responde a cuatro preguntas que desarrollan operaciones conceptuales, para armar el “qué es” sobre un concepto:
▪ ¿Cuál es la clase superior del concepto? Es decir, hay que ubicar al concepto como una noción que pertenece a una categoría mayor, supraordinada. Esta jerarquía inmediatamente anterior a la que pertenece el concepto analizado se ubica sobre el nodo, ligado con una línea, en línea, en un rectángulo de marco simple. El mentefacto puede presentar un solo nodo supraordinado, pero cada concepto puede asimismo estar incluido en una clase superior.
▪ ¿Qué es lo esencial del concepto? Se describen aquellas características que definen o explican el concepto. Estas nociones constituyen los pensamientos
isoordinados y se ubican a la izquierda del nodo central, partiendo de él en forma de flechas que llevan a tales indicadores. El número de isoordinadas corresponde al número de características esenciales para definir el concepto.
▪ ¿De qué otros conceptos se diferencia? Los pensamientos excluyentes marcan las diferencias con los demás conceptos de la misma categoría jerárquica; son clases que pertenecen a la misma supraordinada. Estos conceptos van al lado derecho del nodo central, luego de líneas simples y barras oblicuas. Puede haber tantos conceptos excluyentes como clases o tipos de la supraordinada.
▪ ¿Qué clases, tipos o subdivisiones pertenecen al concepto? Los pensamientos infraordinados representan la clasificación que se desprende de la noción cognitiva estudiada y pueden también, así como la supraordinada y las excluyentes, convertirse en nodos centrales de un nuevo mentefacto. Por categorización jerárquica, las subdivisiones se ubican bajo el concepto central.
Figura 13.7. Mentefacto conceptual
Organizar las ideas en esquemas es una excelente ayuda nemotécnica o de asimilación y retención de la información. Su utilización es básica e importante en varias etapas del trabajo académico, como la planeación discursiva, la presentación de las ideas y como herramienta de repaso y preparación de pruebas evaluativas.
Bibliografía
González Rátiva, M. C. (2008). Expresión oral y escrita. Medellín: Universidad de Antioquia.
Organización del material académico
Introducción
Para la mayoría de los estudiantes, la vida universitaria es una carrera de lecturas de diversos textos que poco a poco se van acumulando en sitios reales y sitios informáticos: capítulos, artículos, informes, archivos, páginas electrónicas, etc. Al momento de repasar, estudiar, hacer un trabajo escrito, realizar una presentación, generalmente hay que volver a hacer búsquedas del material, que, con seguridad, ya se habían visto o leído, pero no tenían un sitio específico en una carpeta. La disciplina académica inicia con la planeación y la organización del tiempo de estudio, y continúa con la planeación y la organización del material de trabajo. Como método de estudio, como etapa en la realización de tareas, como paso previo en la planeación de actividades académicas, la organización del material de estudio se convierte en una pauta de gran importancia a la hora de adquirir hábitos de disciplina académica.
Búsqueda de material de estudio
La información necesaria para encontrar un tema de estudio puede ser amplia e inaccesible o concreta y aprehensible. Esto depende de la intención de análisis que se tenga, que puede ser superficial o profundo, y de la delimitación previa que se haya hecho sobre el tema.
Hay que tener muy claro sobre qué se quiere indagar o estudiar. Un tema, por sencillo y claro que parezca, siempre tendrá subtemas. A mayor delimitación del tema, menor pérdida de tiempo, esfuerzo y distracción.
La búsqueda del material empieza por la delimitación del tema. Es conveniente, entonces, definir subtemas generales o asociados con el concepto por el que se va indagar. Si es parte de una tarea o solicitud, el docente o el asesor puede ayudar en esta delimitación.
Ejemplo: se solicita que se revise el tema de “biodiversidad”. Es claro que se está en el campo de la biología. Sin embargo, ¿desde qué punto de vista? General al planeta, localizada geográficamente, en espacios restringidos, etc. ¿La búsqueda es teórica (concepto, definición, campos) o taxonómica (lista de especies)? Otro aspecto por resolver es si se trata de ecosistemas o de una visión cultural, de grupos humanos.
Hacer una lista de temas y organizarla a manera de índice temático ayuda a definir hasta dónde realizar la búsqueda del material. Este índice se convierte en una guía o plan de búsqueda documental y de recursos metodológicos de estudio.
Las bibliotecas y los centros de documentación cuentan con apoyo informático en bases de datos y los buscadores de información en la Red son excelentes recursos para obtener información, siempre y cuando se acceda a ellos con una guía ya elaborada, un índice temático claro y preciso. Un concepto tan amplio como el del ejemplo anterior arrojará más de dos millones de archivos que circulan en la Red sobre el tema. Los buscadores ofrecen posibilidades de búsquedas avanzadas que permiten definir idioma, frases exactas, prescindir de algunos conceptos, etc. Un tema concreto como “definición y áreas de estudio de la biodiversidad”, eliminando los campos “programas” y “cursos”, puede restringir la búsqueda a menos de un centenar de documentos, lo cual facilita las tareas posteriores.
En relación con las fuentes de información, existen las fuentes primarias, que agrupan los resultados de una búsqueda bibliográfica en libros, artículos de revistas científicas, monografías, tesis de grado; en general, documentos originales y no interpretaciones sobre ellos.
También se pueden encontrar fuentes indirectas o secundarias, como las entrevistas a investigadores o expertos en el tema, las compilaciones, las enciclopedias, los manuales, los intitulados “introducción” o “aproximación”, las listas referenciales, los documentos de resúmenes (abstracts) y, en general, textos que sinteticen o den referencias de aquellos originales.
Si se incluye en la planeación el tiempo para una buena búsqueda de información, se puede iniciar por las conversaciones con expertos, seguir con las fuentes indirectas y llegar bien orientado hasta las fuentes primarias. Sin embargo, muchas veces el tiempo no alcanza para cumplir todo el proceso. En este caso, debe optimizarse la siguiente etapa del proceso de organización del material.
Selección de la información
Una vez delimitado el tema y realizada la búsqueda y ubicación del material de estudio, debe procederse a seleccionar la información requerida para elaborar el informe, preparar la presentación o realizar la tarea solicitada. Entre los criterios más relevantes para seleccionar la información se encuentran: autores reconocidos, tratamiento completo del tema y actualidad del mismo. Cabe anotar que para la selección de la información se recomienda realizar el ejercicio de prelectura o aproximación a los paratextos, que consiste en la revisión global o superficial de las partes de los textos que brindan información general, sintética o de introducción (título, portada, contraportada, índice, tabla de contenido, prólogo, prefacio, abstract, resumen, presentación, conclusiones, etc.).
Determinar una lista de autores reconocidos en un área de estudio específica es relativamente sencillo si se cuenta con fuentes secundarias de búsqueda como los expertos del tema y las compilaciones temáticas. Cada especialidad del conocimiento ha tenido profesionales y estudiosos dedicados a las labores investigativas y académicas que por sus resultados se han hecho acreedores a estar en la lista de“autores reconocidos”. Luego de llegar a una breve lista de estos autores, se puede acceder con confianza a una o varias de las fuentes originales referenciadas.
De igual forma, el resultado de la prelectura de algunos textos puede indicar cuáles de ellos abarcan con mayor profundidad una temática específica. Dependiendo del tiempo que se le va a dedicar a estas lecturas, se escogerán las que realicen un tratamiento completo o más exhaustivo de los aspectos por estudiar.
Para la selección de la información también es importante saber qué tan actualizados están los documentos que se van a analizar. Los conceptos y las teorías científicas presentan, en la mayoría de las disciplinas, avances y adelantos que son consignados en artículos impresos o en revistas electrónicas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que existen textos o documentos que no pierden vigencia, que pueden considerarse “clásicos” en una materia o un campo del saber, o que pueden ser antecedentes y fundamentos de conceptos actuales; en estos casos, su lectura y revisión es relevante.
Ordenación de datos
De la lectura de estudio sobre los materiales seleccionados se pueden extraer la información y los datos necesarios para ubicar rápidamente un material de estudio completo, artículo, archivo, etc.; retomar aspectos textuales en documentos nuevos y de autoría propia; elaborar síntesis de lectura y para posterior repaso; comentar, hacer preguntas, anotar inquietudes y nuevos temas de interés que puedan retomarse más adelante.
Es conveniente que toda esa información se catalogue y archive de manera impresa o magnética, en carpetas o en un sistema propio de documentación. A continuación se propone la elaboración de una ficha documental, donde puede consignarse la información relevante de los textos seleccionados. La ficha consta de cuatro partes:
a. Ficha bibliográfica: datos bibliográficos de la fuente.
Libro
APELLIDO, Nombre (año de publicación). Título. Ciudad: Editorial.
MONTES GIRALDO, José Joaquín (2000). Otros estudios sobre el español de Colombia. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo.
Artículo
APELLIDO, Nombre (año de publicación). Título del artículo. Título de la revista, volumen, Entidad, páginas.
ORDUÑA, José Luis (2001). Sobre los términos de la física en los diccionarios generales y especializados. Lingüística y Literatura, nº 39, Universidad de Antioquia, pp. 81-97.
Documento electrónico
Autor (año de publicación). Título completo (fecha: dirección electrónica).
Torralba, A (1995). Gusanos: platelmintos, nematodos, anélidos (extraído el 3 de octubre de 2005 de:
http://scriptusnaturae.8m.com/II_ento/gusanos,moluscosyequinodermos.ht m).
b. Ficha textual: se extrae aquí la información literal más relevante del documento, como por ejemplo: definiciones, afirmaciones, conclusiones, etc. Estos datos servirán como citas textuales en documentos propios.
c. Ficha descriptiva: se elabora una síntesis del contenido del documento. Este texto es muy breve y debe resaltar la información que se relieva en el texto.
d. Ficha personal: Se anota en este apartado el comentario que surja de la lectura del material, tal como datos interesantes que allí se encontraron, preguntas por resolver, subtemas que merecen indagarse, entre otros aspectos subjetivos, pero en general, académicos.
El seguimiento de unas pautas metodológicas adecuadas para el trabajo intelectual redundará, sin duda, en un mejor aprovechamiento del tiempo académico y profesional, y en una mejor formación investigativa, exigencias básicas de la vida universitaria.
Bibliografía
González Rátiva, M. C. (2008). Expresión oral y escrita. Medellín: Universidad de Antioquia.
Oralidad y escritura
Introducción
La facultad lingüística humana alcanza su mayor nivel de eficiencia en la expresión verbal: sonidos, palabras, frases, oraciones, discurso, son creaciones simbólicas con las cuales los individuos construyen e interpretan significado. La habilidad lingüística verbal ha acompañado el proceso de evolución del ser humano (vea el módulo 3). Ese desarrollo ha estado marcado por dos sucesos: la posibilidad de emitir sonidos articulados, es decir, hablar oralmente, y la invención de signos gráficos que representen la realidad, o sea, hablar a través de la escritura.
Así, aunque la oralidad sea el vehículo natural del lenguaje verbal, la invención de la escritura es uno de los acontecimientos más importantes en la historia de la humanidad. Sin embargo, esta afirmación no debe ser entendida como una forma de enfrentar dos sistemas distintos o de asumirlos como etapas de un proceso. De hecho, existen hoy en día sociedades ágrafas, que han desarrollado una cultura basada en la oralidad y cuyos procesos de valoración no deben ser alterados por esta situación. En ellas, la literatura oral es abundante y la preservación de sus tradiciones y ritos se realiza a través del paso memorístico de generación en generación.
Debemos entender la oralidad y la escritura como dos posibilidades de expresión del lenguaje verbal para una interacción de calidad, en medio de una sociedad como la nuestra.
El surgimiento de la escritura
La escritura, tal como la conocemos hoy en día, es un fenómeno reciente en comparación con el uso de la oralidad en la historia de la humanidad. Los primeros intentos por representar ideas de una manera visual datan de hace unos 20.000 años. Sin embargo, los dibujos de las cavernas, los petroglifos y demás intentos por imitar visualmente una situación o un objeto pueden considerarse precursores de la escritura (figura 5.1). Entre las culturas amerindias y africanas primitivas se encuentran variados ejemplos de pictografía, dibujos, signos geométricos, formas talladas, que muestran historias y revelan hechos de tales civilizaciones, aunque muchas de estas muestras no han sido del todo descifradas. Son muestras de arte, creaciones subjetivas o expresiones individuales con diversas funciones – estéticas, religiosas, etc.– que difieren de los sistemas de escritura conocidos.
Figura 5.1. El arte rupestre prehistórico está en estrecha relación con el surgimiento de la escritura.
Desde el año 3500 a.C., aproximadamente, algunas culturas antiguas, como la sumeria, la hitita, la china y la egipcia, desarrollaron lo que se considera una verdadera escritura: un sistema convencional de signos gráficos.
Entre los sumerios, por ejemplo, las tablillas de arcilla con inscripciones y símbolos procedentes de la región cercana a los ríos Tigris y Éufrates, que parecen haber sido utilizadas como sistema de contabilidad, se consideran como una de las primeras escrituras, la cuneiforme. Lamentablemente para la humanidad, el bombardeo a Iraq en la reciente guerra parece haber destruido los vestigios de este sistema.
Otro ejemplo de estos primeros sistemas de escritura se encuentra en la cultura egipcia. Los jeroglíficos egipcios combinan, como otras culturas, ideogramas, logogramas y otros símbolos tallados sobre sitios de gran importancia (figura 5.2).
Figura 5.2. Los egipcios utilizaban jeroglíficos para representar objetos, ideas o sonido.
El primer sistema de escritura El descubrimiento de la civilización sumeria, a finales del siglo XIX, marca la culminación de la exploración sistemática del subsuelo en el Cercano Oriente. A mediados de ese siglo fue posible deletrear y leer los documentos hechos con arcilla y cubiertos con extraños signos cuneiformes (de forma de cuña), que habían sido hallados en el territorio de Iraq hacía largo tiempo. Este hecho produjo la proliferación de excavaciones en la antigua Mesopotamia, exactamente como ocurrió en el Valle de los Reyes
cuando se descifraron los jeroglíficos.
Las excavaciones, hechas en
profundidad, hicieron aflorar los vestigios dispuestos en capas paralelas.
§ El primer sistema de escritura
El descubrimiento de la civilización sumeria, a finales del siglo XIX, marca la culminación de la exploración sistemática del subsuelo en el Cercano Oriente. A mediados de ese siglo fue posible deletrear y leer los documentos hechos con arcilla y cubiertos con extraños signos cuneiformes (de forma de cuña), que habían sido hallados en el territorio de Iraq hacía largo tiempo. Este hecho produjo la proliferación de excavaciones en la antigua Mesopotamia, exactamente como ocurrió en el Valle de los Reyes
cuando se descifraron los jeroglíficos.
Las excavaciones, hechas en
profundidad, hicieron aflorar los vestigios dispuestos en capas paralelas.
Figura 5.3. Hay escrituras con sistemas logográficos, silábicos y alfabéticos
Tras haber atravesado capas con vestigios árabes, griegos y persas, las excavaciones llegaron a testimonios que datan de mediados del primer milenio a.C. Se descubrieron los palacios, estatuas, tesoros y armas de los grandes reyes asirios, que se mencionan en el Antiguo Testamento. De esta manera nació la asiriología como disciplina científica a partir de los textos cuneiformes y la arqueología de Mesopotamia. Los descubrimientos permitieron concluir que el apogeo de los belicosos asirios se debió a que poseían una cultura superior. Este pueblo, originario del sur de Mesopotamia, tenía sus raíces en los babilonios, cuyo código de leyes, o Código de Hammurabi, simbolizaba su gran desarrollo cultural y su equilibrio político.
Se averiguó que el Código de Hammurabi, y los documentos de esa época, eran idénticos a los anales y tablillas asirias, y se determinó que los dialectos asirio y babilónico provenían de un único lenguaje llamado accadio. La lengua accadia se relaciona con los lenguajes árabe, arameo y hebreo, y se clasifica como lengua semita. Entonces, la conclusión fue que los imperios de Babilonia (a principios del segundo milenio a.C.) y Nínive (a principios del primer milenio a.C.) eran de origen semita.
En la época en que se hicieron esas excavaciones arqueológicas, la escritura cuneiforme representaba un enigma. Ahora se sabe que esta escritura se compone de una gran cantidad de signos o caracteres (300 en su apogeo), consistentes en trazos similares a cuñas grabados sobre arcilla cruda. Inicialmente, estos dibujos lineales representaban objetos concretos y específicos, pero más tarde, en una segunda etapa, cada uno de los signos pasó a representar un sonido, o sílaba (aunque nunca un sonido elemental e irreducible como, porejemplo, los del alfabeto latino). Por tanto, la escritura cuneiforme es a ambivalente (tanto ideográfica como fonéticamente). De este modo, el dibujo de una espiga (p.ej. una espiga de trigo) dentro de un texto cuneiforme puede ser leído, según el contexto, como el nombre de «granos» o la sílaba «she». Del mismo modo, el grabado de un pájaro puede ser ideográficamente interpretado como «volátil», o bien fonéticamente como la sílaba «hu». Por su parte, la palabra abstracta «visión» en lengua accadia es «shehu», la cual podía representarse mediante el dibujo de una espiga seguida por la de un pájaro (she + hu), pero ninguno de los dos caracteres se relaciona con un grano o algo volátil en este caso. No obstante, en una parte diferente del texto, esos dos caracteres podrían ser traducidos directamente como cereal y ave. Este hecho hace que el desciframiento de los signos cuneiformes sea enormemente dificultoso.
O la sílaba «she». Del mismo modo, el grabado de un pájaro puede ser ideográficamente interpretado como «volátil», o bien fonéticamente como la sílaba «hu». Por su parte, la palabra abstracta «visión» en lengua accadia es «shehu», la cual podía representarse mediante el dibujo de una espiga seguida por la de un pájaro (she + hu), pero ninguno de los dos caracteres se relaciona con un grano o algo volátil en este caso. No obstante, en una parte diferente del texto, esos dos caracteres podrían ser traducidos directamente como cereal y ave. Este hecho hace que el desciframiento de los signos cuneiformes sea enormemente dificultoso.
Fuente: Gabriel Pradiipaka y Andrés Muni, en:
http://www.sanskrit-sanscrito.com.ar
Diferencia entre el discurso oral y el escrito
“No se debe escribir como se habla” y “nadie habla como escribe” son dos frases que permiten reflexionar sobre las características similares y distintas entre la oralidad y la escritura. Al verbalizar oralmente, se trae al pensamiento el mundo, la realidad; se nombran las cosas, los fenómenos, las ideas. Esta es la función primaria de la oralidad. En cambio, en la manifestación escrita hay una etapa que media entre la nominación y la verbalización: el ser humano reflexiona sobre la materialización de la escritura. De esta manera, la oralidad actúa sobre el mundo; la escritura actúa sobre el lenguaje. Lo anterior podría explicar la dificultad de cualquier persona para empezar a escribir un texto. Al expresarnos oralmente sólo tenemos que recordar o “actualizar” las imágenes de nuestro pensamiento; al querer escribir esos pensamientos, debemos reflexionar sobre la manera en que deben representarse, organizarse y manifestarse sobre el medio, generalmente, el papel. Esto requiere una mediación cognitiva que convierte la escritura en un proceso secundario frente a la expresión oral.
Figura 5.4. Las manifestaciones orales aportan gran cantidad de información de reconocimiento de la persona que las emite.
De otra parte, está la información “anexa” que trae la oralidad. La voz de una persona incluye datos no explícitos en las palabras del mensaje; por ejemplo, su sexo, su estado de ánimo y su estado de salud. La oralidad está relacionada con la cercanía y el reconocimiento de los otros. Los símbolos gráficos son ajenos a posibilidades tan cercanas de reconocimiento, porque, además, puede haber tanta distancia como se quiera entre autor y lector.
La memoria desempeña un papel importante en esta distinción. La escritura asegura la permanencia a través del medio; la oralidad debe tener en cuenta muchos recursos para que pueda “perdurar” en la mente del auditorio: repeticiones, patrones rítmicos o fónicos. Ya habíamos dicho que las sociedades de tradición altamente oral recurren comúnmente a rituales verbales para la transmisión de su cultura.
Escritura y medio académico
Ningún ambiente es tan propicio para el desarrollo de la escritura como el medio escolar. Tradicionalmente, el ingreso del niño a la etapa escolar ha estado marcado por su relación con la posibilidad de la escritura. Sus primeras palabras escritas y el desarrollo de las habilidades lectoescriturales alcanzan el estatus de
“estudio” en la escuela. Estudiar ha sido, por tradición, un análisis del conocimiento que está escrito.
Atendiendo a este hecho, proliferan en la universidad las tareas encaminadas hacia la lectoescritura. Estudiamos sobre lo escrito y producimos escritos. Por tanto, debemos atender estas necesidades y enfocar gran parte de nuestra disciplina educativa al desarrollo de habilidades lectoescriturales. La formación del estudiante universitario, encaminada hacia la producción de discurso escrito, es una meta básica de este nivel educativo.
Oralidad y medio académico
Es en el medio académico donde la oralidad se empieza a alejar de la cotidianidad para acercarse al discurso escrito en el que leemos y estudiamos. El discurso oral de los docentes se convierte de esta manera en modelo de oralidad académica. Aprendemos a interactuar académicamente a partir de lo que oímos y leemos en la vida educativa. Por eso, en nuestro caso específico, podemos afirmar que “todo profesor que enseñe en español, es profesor de español”. De ahí la importancia de mejorar la expresión oral de toda la comunidad académica.
Infortunadamente, en la vida universitaria se le ha dado al texto escrito una primacía ante el discurso oral, en desmedro del conocimiento de personas y culturas que no está acuñado por escrito. Se dice, entonces, erróneamente, que “lo que no está escrito, no es válido”. No obstante, somos conscientes de la importancia de la expresión oral y su relación con el desempeño académico y profesional. Estamos ante la revaloración de la oralidad en variados ámbitos de la sociedad; caso específico es el uso de las tecnologías y los medios de comunicación en el medio educativo. Textos, imágenes y sonidos se combinan armónicamente para intentar alcanzar la máxima comprensión del conocimiento.
Figura 5.5. El discurso oral académico es buen ejemplo de variedad estándar de la lengua.
Escritura, ortografía y caligrafía
El código escrito de nuestra lengua está regido por una serie de normas a las que llamamos ortografía. Cada palabra de la lengua tiene una identidad visual relacionada con un significado. Esta forma debe ser, en principio, la misma para todos los escritores del idioma. Aunque existan excepciones del uso de la ortografía, como la elección de la forma escrita de los nombres propios, o usos específicos y estilísticos de un autor literario, es importante atender a un uso homogéneo y adecuado de las formas escritas de las palabras. En un escrito, utilizar una buena ortografía es la mejor manera de expresar respeto hacia el lector; esto facilita, además, la comprensión, el seguimiento y la aceptación de aquello que está escrito.
La finalidad de la ortografía en la lengua no es otra que la de conservar la unidad de la lengua. Por ello, podemos acceder a la comprensión de un texto escrito en lengua española de un autor chileno, uruguayo, nicaragüense, madrileño, etc., siempre y cuando esté escrito con los criterios ortográficos que han sido adoptados como convencionales para la escritura en nuestro idioma.
Otro tanto lo constituye la caligrafía. Aunque considerada como un arte en ciertas culturas, la caligrafía es la manera formal y correcta de realizar los signos de la escritura en un estilo particular. Cada persona también maneja una manera específica de escribir: hay quienes prefieren estilos sencillos y hay quienes gustan de adornar los trazos de las letras. Cualquiera de las formas seleccionadas debe atender siempre a la estructura general del alfabeto y, lo más importante, hay que tener en cuenta que, si se escribe para otra persona, debe hacerse con una caligrafía correcta, clara y comprensible.
La escritura y la Internet
Entre las nuevas tecnologías, la Internet es el recurso que nos permite acercarnos mucho más a la posibilidad de escribir cada vez más. El chat, el correo, los weblog, los wiki, son herramientas que se nos ofrecen para agilizar el proceso de comunicar y compartir ideas. En este sentido, podemos afirmar que hoy en día no hay excusa para no escribir ni tener contacto por escrito con cualquier persona en el mundo. Estamos en la red y en red. El momento de escribir se acerca cada vez más al momento de hablar. La velocidad de respuesta que exige la red se está pareciendo a la exigida en la oralidad. Por ello, estos recursos están generando un nuevo código de comunicación: abreviaturas, apócopes, siglas, emoticones, convenciones, que irremediablemente han llevado a un “descuido” de las normas gramaticales que se requieren en el discurso escrito tradicional.
Ante esta situación, lo que debemos tener en cuenta es que hay variedades en el uso de la lengua, ya vistas aquí, que sin importar el medio que estemos usando – oral, escrito, internet– deben guiar el proceso de la construcción de mensajes:
▪ Registros informales. Notas, comentarios, mensajes entre pares, amigos, familiares, que no exigen un nivel muy “cuidadoso” de atención a la construcción.
▪ Registros formales. Trabajos académicos, informes, comentarios solicitados, respuestas a instancias superiores, solicitudes o mensajería a otras entidades con quienes no tengamos mayor cercanía, exigen un uso más “cuidadoso” de los códigos lingüísticos, y, por tanto, mayor tiempo para su planeación, realización y revisión.
Tal como se ha dicho en páginas anteriores, el lenguaje, y en este caso el uso concreto de la lengua, tanto en la oralidad como en la escritura, o en estos medios mixtos, conllevan una imagen del autor, de la persona que emite mensajes a través de estos códigos. Entonces, vale la pena detenerse a pensar así sea un instante: ¿a quién me voy a dirigir? Así, las consecuencias de mis actos lingüísticos deben ser responsables, consecuentes, respetuosas y gratas para los destinatarios.
Bibliografía
González Rátiva, M. C. (2008). Expresión oral y escrita. Medellín:
Universidad de Antioquia.
















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