Semana #1 Lectoescritura Grado 10 Olga Lucia Ruiz

SESIÓN #1
Estrategias de escritura
Hay que tener presente que solo se aprende a escribir escribiendo. Algunas sugerencias que pueden ser útiles a la hora de escribir son:
1.      Definir sobre qué se quiere escribir: antes de pensar en las palabras, se debe tener clara la idea que se quiere expresar. Se debe establecer el destinatario y si se trata de una carta, un reportaje, un cuento, una denuncia, una petición y demás. Es importante que haya un interés por lo que se escribe, para que haya un disfrute en la realización del mismo, pues no es solo lo que se dice sino esa pasión lo que finalmente se trasmite al lector. 
2.      Llevar una libreta: teniendo el objetivo claro, se recomienda llevar una libreta de apuntes para consignar allí la investigación sobre el tema y que todo cuanto surja o llame la atención respecto al tema se consigne allí, pueden hacerse comentarios, dibujos, referencias de películas, algo que se ve en el bus, algo que se escucha en la calle, un sueño, un libro. 
3.      Establecer un hábito de escritura: definir cuánto tiempo se va a dedicar a escribir de manera regular y respetarlo. La escritura requiere de tiempo, por tanto es fundamental crear el hábito.
4.      Hacer un guía de escritura: hacer un bosquejo o guion de la estructura del texto. Saber cómo empezar, dónde hacer una descripción, una argumentación, una enumeración, entre otros.
5.      Escribir, revisar y corregir: cuando se empieza a escribir hay que dejar que fluya la idea, sin preocuparse por pensar en la corrección. Después de que se tenga una primera versión del texto, se debe leer y revisar la estructura el lenguaje (no repetir las ideas o extender la manera de expresar “si puede decirlo en dos palabras, no lo diga con cuatro”), la precisión del vocabulario, hay palabras que se ajustan más que otras. Evitar los adjetivos y adverbios. En las revisiones se puede complementar, hacer cambios y editar el texto hasta que se ajuste a lo que se está buscando. En esta revisión es de gran ayuda leer en voz alta el texto para captar mejor la fluidez del mismo.
6.      Construir una metodología de trabajo y estilo personal: en la medida en que se hacen lecturas y ajustes de lo que se escribe, se descubre cuál el estilo personal, cómo se siente más cómodos escribiendo, de qué manera suena mejor, cuándo se capta mejor la atención del lector. Esto, a su vez, refleja cuál es la metodología de trabajo, la que le da mejores resultados.
7.      Dar a leer el texto a otras personas: esto ayuda a saber cómo es la recepción del texto, para confirmar si la idea y la manera cómo se está comprendiendo es la que se propuso, o qué otros sentidos genera en los lectores.

Las habilidades comunicativas: leer, escribir, hablar y escuchar

Según la Real Academia Español (RAE), “habilidad” se define como la “capacidad y disposición para algo”. En este sentido, las capacidades comunicativas con las que cuenta el ser humano corresponden a los procesos de hablar, escuchar, leer y escribir, desarrollados a través de su formación, los cuales le permiten comunicarse adecuadamente.
Escuchar: es un proceso de pensamiento referido al sentir, a percibir sensorialmente lo que transmite una persona a través del habla. Escuchar significa comprender el mensaje y exige tomar conciencia de las posibles variaciones de significado de los mensajes. En la escucha hay una constante evaluación sobre lo escuchado, pues responde a una necesidad intencional de su interlocutor. 
Hablar: también es un proceso de pensamiento y está referido a la capacidad de comunicarse mediante sonidos articulados, producidos por el aparato fonador (incluye lengua, velo de paladar, cuerdas vocales, dientes, labios, nariz y demás). Aunque en algunos animales puede apreciarse aparentemente esta habilidad, el ser humano es el único que cuenta con la propiedad distintiva de producir sonido articulado y es en su naturaleza que alcanza su más alta manifestación. Esto es gracias al despliegue de un altísimo grado de complejidad y abstracción en lo referente al contenido. 
Leer: como proceso del pensamiento, la lectura permite el desarrollo de las demás habilidades y competencias del ser humano. Es una realización intelectual y un bien colectivo indispensable en cualquier contexto económico y social. Su función cognitiva permite el acceso a los avances científicos, tecnológicos y culturales.
Según la tradición lingüística y algunas teorías psicológicas, “leer” es el acto de comprender el significado de un texto, es decir, es la forma más precisa para




Quien es hábil en la lectura es capaz de dialogar críticamente con el texto, tomar una postura frente a ello y valorarlo integrándolo en el mundo mental propio
Escribir: la habilidad escritural representa el más alto nivel de aprendizaje lingüístico, por cuanto en ella se integran experiencias y aprendizajes relacionados con las habilidades lingüísticas (hablar, escuchar, leer y escribir) y se ponen en funcionamiento todas las dimensiones del sistema lingüístico (fonológica, morfosintáctica, léxica semántica y pragmática). La escritura es una habilidad compleja, que implica que el escritor tenga conocimientos, habilidades básicas, estrategias y capacidad para coordinador múltiples procesos. En la escritura no se trata solamente de una codificación de significados a través de reglas lingüísticas. Se trata de un proceso, que a la vez es social e individual, en el que se configura un mundo y se ponen en juego saberes, competencias e intereses. Escribir es producir el mundo.

Referencias

 Ministerio de Educación Nacional (1998). Serie lineamientos curriculares, lengua castellana [En línea]. Recuperado el 16 de julio de 2015. En:
                                          SESIÓN #2
                                            Estrategias de lectura  
La lectura y la escritura no suceden de forma aislada sino que están en permanente relación. Leer mejora los niveles de escritura, en tanto leer no es decodificar un texto sino interactuar con él según el nivel o Tipo de lectura, lo cual depende de la intencionalidad del lector: entretenerse, extraer información, comprender, entre otros. Al mismo tiempo, cuando se escribe se movilizan funciones que mejoran la comprensión lectora, pues es posible tener más conciencia acerca de la organización del texto y de lo que se está expresando a través de él, lo cual a su vez contribuye a tener una mejor competencia lectora. 
Para conocer cómo funcionan diferentes estrategias de lectura y tener más comprensión sobre su organización, se sugiere leer una de las estrategias de lectura que aparece en el esquema, a saber, el resumen y ver los videos de esta unidad: Lectura comprensiva y ¿Cómo se estructuran los textos?


La competencia lectora[1]
En la universidad, como sociedad de la ciencia, el arte y la literatura, se lee y se escribe de manera diferente. Esto es válido para las otras dos manifestaciones de la competencia comunicativa: hablar y escuchar. Los escritores y lectores, a la vez que los hablantes y oyentes de la universidad, se comunican de una forma distinta. Narvaja; et al (2003) lo dice claro, al referirse a la lectoescritura académica:
Las prácticas de lectura que realizan los estudiantes universitarios relacionadas con sus carreras tienen una especificidad que las diferencia de las que se realizan en otros ámbitos: por los textos que se leen, por los saberes previos que suponen, por los soportes materiales que predominan en la circulación de los textos a ser leídos, por la presencia de la institución académica como mediadora de esa práctica lectora, por la finalidad de la lectura. De modo que es indispensable que el alumno/lector aprenda cuanto antes los códigos que regulan la actividad lectora en la universidad y esté alerta para no confiar solo en los modos en que ha leído en otros ámbitos –incluso dentro de las instituciones educativas previas – por cuanto es probable que no le resulten eficaces para enfrentar las exigencias académicas […]. Esta finalidad de la lectura pautada por la institución hace que en la universidad se estrechen los vínculos entre lectura y escritura: todos los escritos universitarios se soportan en las lecturas previas.
Como se puede deducir, la lectura es inseparable de la escritura. Incluso, se puede afirmar que en la universidad se lee para escribir y se escribe para leer más. En la cotidianidad académica estas dos competencias nunca aparecen aisladas.
Pero sí hay una realidad que dentro de la competencia académica comunicativa es casi natural: primero se es lector y luego se es escritor, así como en la etapa escolar, el niño primero fue hablante y luego pasó a ser escribiente. Lo mismo se puede afirmar de las operaciones de escuchar y hablar, en la medida en que la función de oyente va moldeando la función de hablante, tal como sucede en la universidad.
La competencia lectora se refiere a la totalidad del proceso de lectura, cuyos pasos o etapas suelen ser llamados niveles, tiempos o simplemente “lecturas”. Esas subcompetencias son la literal, la inferencial y la analógica. Cada nivel pareciera estar mostrando la localización del lector frente al texto académico, en el sentido de insinuar que en el nivel literal el lector está metido en el texto; en el nivel inferencial es el texto el que está metido en el cerebro del lector; y en el nivel analógico el lector trae otros textos y los compara con el que tiene al frente.
Por esta razón, Pérez (1997) sostiene que leer es interpretar y que esta interpretación es simultáneamente intratextual, intertextual y extratextual:


[1] Texto tomado de: Comité de competencia lectora. Departamento de Admisiones y Registro Vicerrectoría de Docencia Universidad de Antioquia 2008


La lectura intratextual es un primer tiempo de lectura que aspira a investigar un texto, para intentar establecer, solo desde el texto mismo, lo que éste dice.

La lectura intertextual, segundo tiempo de lectura, pretende cotejar y someter a discusión unidades de análisis (párrafos, conceptos, enunciados, entre otros) de dos o más textos, de uno o varios autores.
La lectura extratextual, tercer tiempo de lectura, pretende ubicar un enunciado, o un conjunto de enunciados, como campo referencial explícito en el cual, se supone, debe inscribirse la lectura del texto base.
Dichos tiempos están regidos por lógicas distintas, tal como lo explica Pérez (1997), es ya conocida con cierta amplitud la tesis de Lacan sobre la temporalidad lógica que rige en una indagación cualquiera. Lacan estableció que en tales procesos se produce la vigencia de tres tiempos que es necesario diferenciar. Los designa como el instante para ver, el tiempo para comprender y el momento para concluir, y éstos definen una sucesión lógica más que una cronología. Los términos propuestos por Lacan describen en forma adecuada el sentido que les asigna. Puede notarse que tales denominaciones comportan un orden lógico; orden que parte del ver, pasa por el comprender y termina por el concluir.
Esos tres tiempos se corresponden con los tres tipos de interpretación: el ‘instante para ver’ con la lectura intratextual; el ‘tiempo para comprender’ con la lectura intertextual; y el ‘momento para concluir’ con la lectura extratextual. Cada tiempo u operación mental del lector va a dar origen a una subcompetencia diferente. La operación mental instante para ver es el deletreo, el desciframiento; la operación mental tiempo para comprender es la inferencia, la deducción; y la operación mental tiempo para concluir es la analogía, la comparación.
La competencia lectora fácilmente se puede entender si se divide y organiza la interpretación en tres constituyentes, leídos en forma horizontal como si fueran correspondencias:

De las operaciones mentales se desprenden las tres subcompetencias lectoras: la literal, la inferencial y la analógica. Algunos autores, como Sánchez y Alfonso (2009) llaman a la subcompetencia analógica lectura crítica, para construir la “pirámide de la comprensión lectora” [5], así:
 Tal como se dijo atrás, a las subcompetencias de la competencia lectora también se les conoce simplemente con el nombre de ‘lecturas’. Para una posible conciliación entre la lectura “analógica” de Kabalen y De Sánchez y la lectura
“crítica” de Sánchez y Alfonso, bastaría con aceptar la explicación de Kabalen y De Sánchez, y concluir que es preferible la denominación de “analógica”:
La lectura crítica es un proceso que implica el raciocinio, el juicio crítico del lector para fundamentar sus puntos de vista acerca de la información que extrae de un texto; o para identificar falacias de razonamiento, inconsistencias estructurales en la organización de la información que se da y falta de validez o de confiabilidad de la información. Cada nivel de lectura (literal, inferencial y analógico) proporciona un tipo de información diferente. La lectura crítica debe aplicarse en todos los niveles, razón por la cual no está considerada como un nivel independiente (Kabalen; De Sánchez, 1997).
Finalmente, es importante hablar de los indicadores de la competencia lectora.
Para Saldarriaga (2008) “una vez establecido el punto de llegada de una prueba de competencia lectora, es necesario determinar, específicamente, cómo se llega a dar cuenta de este indicador; en otros términos, cómo sabremos que el aspirante puede orientarse en el texto, seguir el hilo temático, establecer sus vínculos, sus significaciones y el propósito con el que es enunciado”. La respuesta es a través de unos indicadores para cada subcompetencia lectora, donde se visualicen los ejes constitutivos del texto: quién dice en el texto, qué dice el texto y cuál es el propósito del texto, como se verá más adelante al detallar cada subcompetencia.
Texto tomado de: Comité de competencia lectora. Departamento de Admisiones y Registro Vicerrectoría de Docencia Universidad de Antioquia 2008

Referencias
Narvaja, E.; et al (2003). La lectura y la escritura en la universidad. Buenos Aires: Eudeba. PP. 7-8.











Las habilidades comunicativas: leer, escribir, hablar y escuchar

Según la Real Academia Español (RAE), “habilidad” se define como la “capacidad y disposición para algo”. En este sentido, las capacidades comunicativas con las que cuenta el ser humano corresponden a los procesos de hablar, escuchar, leer y escribir, desarrollados a través de su formación, los cuales le permiten comunicarse adecuadamente.
Escuchar: es un proceso de pensamiento referido al sentir, a percibir sensorialmente lo que transmite una persona a través del habla. Escuchar significa comprender el mensaje y exige tomar conciencia de las posibles variaciones de significado de los mensajes. En la escucha hay una constante evaluación sobre lo escuchado, pues responde a una necesidad intencional de su interlocutor. 
Hablar: también es un proceso de pensamiento y está referido a la capacidad de comunicarse mediante sonidos articulados, producidos por el aparato fonador (incluye lengua, velo de paladar, cuerdas vocales, dientes, labios, nariz y demás). Aunque en algunos animales puede apreciarse aparentemente esta habilidad, el ser humano es el único que cuenta con la propiedad distintiva de producir sonido articulado y es en su naturaleza que alcanza su más alta manifestación. Esto es gracias al despliegue de un altísimo grado de complejidad y abstracción en lo referente al contenido. 
Leer: como proceso del pensamiento, la lectura permite el desarrollo de las demás habilidades y competencias del ser humano. Es una realización intelectual y un bien colectivo indispensable en cualquier contexto económico y social. Su función cognitiva permite el acceso a los avances científicos, tecnológicos y culturales.
Según la tradición lingüística y algunas teorías psicológicas, “leer” es el acto de comprender el significado de un texto, es decir, es la forma más precisa para quien es hábil en la lectura es capaz de dialogar críticamente con el texto, tomar una postura frente a ello y valorarlo integrándolo en el mundo mental propio
Escribir: la habilidad escritural representa el más alto nivel de aprendizaje lingüístico, por cuanto en ella se integran experiencias y aprendizajes relacionados con las habilidades lingüísticas (hablar, escuchar, leer y escribir) y se ponen en funcionamiento todas las dimensiones del sistema lingüístico (fonológica, morfosintáctica, léxica semántica y pragmática). La escritura es una habilidad compleja, que implica que el escritor tenga conocimientos, habilidades básicas, estrategias y capacidad para coordinador múltiples procesos. En la escritura no se trata solamente de una codificación de significados a través de reglas lingüísticas. Se trata de un proceso, que a la vez es social e individual, en el que se configura un mundo y se ponen en juego saberes, competencias e intereses. Escribir es producir el mundo.

Referencias

 Ministerio de Educación Nacional (1998). Serie lineamientos curriculares, lengua castellana [En línea]. Recuperado el 16 de julio de 2015. En:

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