Semana #15 Lectoescritura Grado 10 Olga Lucia Ruiz

SESIÓN #29
La entonación
A través de la articulación lingüística construimos mensajes en la lengua, enunciados significativos. Sin embargo, agregamos una musicalidad a cada uno de nuestros enunciados, una entonación que aporta sentido al habla. Mediante la entonación se puede expresar una gran gama de significaciones y matices de sentido; de ahí, la importancia de darle una melodía adecuada a cada uno de los enunciados del discurso.
Es tan importante la entonación para el discurso oral, que se puede afirmar que una buena entonación encubre fácilmente fallas de pronunciación, mientras que una entonación inadecuada puede desvirtuar por completo el sentido de los enunciados, así estén perfectamente pronunciados. 

Entonación o línea musical

La entonación es la línea musical que acompaña al habla. Esta musicalidad del discurso está formada por una secuencia o combinación de tonos o vibraciones laríngeas, cambiantes de acuerdo con cada una de las sílabas del habla y estrechamente relacionadas con el acento. Así, las sílabas átonas y tónicas se diferenciarán por el uso distinto del tono fundamental.
La organización de los tonos en el discurso genera diversidad de significaciones, de acuerdo con la intención, la emotividad, los usos dialectales y sociolectales y la expresividad del enunciador. Una expresión de la vida cotidiana que nos ayuda a entender el papel de la entonación en el lenguaje es “dígame lo que quiera, pero cámbieme el tonito”.
Consonantes y vocales constituyen los segmentos de la cadena fónica del habla; la entonación, los patrones de tono fundamental o melodía conforman el nivel suprasegmental del habla. Tanto el nivel segmental como el suprasegmental conllevan  información relevante y aportan significado y sentido al mensaje comunicativo.

Funciones de la entonación

De acuerdo con David Crystal (2000), la entonación cumple las siguientes funciones:
      Sistémica o  gramatical. Mediante el uso de las pausas y la entonación, se señalan los límites entre distintas expresiones y partes del discurso, como en “No entre” frente a “No, entre”. 
La entonación también permite distinguir entre diversos tipos de oraciones, como las afirmativas y las interrogativas: “Ya llegó” y “¿Ya llegó?”.
La función gramatical de la entonación es similar al papel de la puntuación ortográfica en la escritura. Sin embargo, en la oralidad el uso de la entonación va más allá del contraste de oraciones para agregar matices de significación. Ese rango de sentidos tan amplio da una enorme ventaja a la oralidad sobre la escritura, que dispone de tan sólo unos pocos signos  ortográficos (¿ ¡ : . ; ,) para tratar de representar diversos aspectos entonativos.
      Expresiva. Los hablantes o enunciadores manifiestan diversas actitudes a través de la entonación: ironía, aburrimiento, enfado, alegría, discreción, confusión, etc. Es en este sentido que comúnmente utilizamos la expresión “tono discursivo”.
      Focalizadora. Entonación y acento permiten distinguir en el habla la información relevante del discurso; el enunciador puede utilizar tono e intensidad para realzar o destacar aquello que es importante y quiera que así se comprenda. Enunciados como “me GANÉ la beca en Francia”, “me gané la BECA en Francia” y “me gané la beca en FRANCIA”, se distinguen por el uso focalizador de la entonación.
      Textual o discursiva. La entonación también puede utilizarse para marcar diferencia entre partes del discurso. En la lectura de noticias, por ejemplo, una es la configuración melódica que tiene el titular de la noticia, otra la información básica y relevante y otra los detalles y circunstancias finales. De igual forma, puede procederse a establecer una relación de coherencia melódica con otros tipos de discurso.
      Sicológica. La percepción y la memoria muchas veces se acogen a patrones melódicos o entonativos para retener y acumular información, entre otras funciones cognitivas. La memorización de números telefónicos o de listas de este tipo, por ejemplo, se asocia a un patrón de tonos que facilita su evocación.
      Sintomática o particularizante. La entonación actúa como elemento o indicador de identidad personal o grupal. El uso de patrones de entonación compartidos clasifica a los hablantes de acuerdo con variables sociales, como su procedencia geográfica, su  extracción social, su profesión, etc. De hecho, la melodía del habla es uno de los constituyentes básicos de los acentos regionales, sociales o “tonillos”, denominados coloquialmente como “el cantado”, “el cantadito”. Hay entonaciones tan particulares como la del locutor, del presentador, del recepcionista, del auxiliar de vuelo, del vendedor, del narrador, y así sucesivamente con profesiones y oficios, hasta llegar a personas específicas, “usted habla como mi tío tal”, por ejemplo. Cada persona maneja rasgos entonativos específicos que lo identifican como él mismo o ella misma o como perteneciente a un grupo social.
Las características de pronunciación y entonación son enteramente aprovechadas por imitadores profesionales, que estudian los rasgos particularizantes de los modos lingüísticos, de la pronunciación y la entonación de personajes públicos para construir sus personajes.

Elementos que intervienen en la entonación

En la conformación de la línea melódica del habla actúan varios aspectos o constituyentes: pausas, grupos fónicos, acentos y tonemas o entonemas. Al preparar un texto escrito para su lectura oral o en la preparación de una intervención oral, pueden usarse ciertos símbolos sobre el material escrito, que ayudarán a mejorar la musicalidad del discurso.
      La pausa. La cadena fónica contiene silencios y ausencias de sonido que están determinados por la lógica, la gramática, la intención y la respiración. Cada vez que dejamos de hablar, lo hacemos atendiendo a uno de estos aspectos. Las pausas son los límites de la entonación. Se acostumbra utilizar la barra oblicua (/) para la marcación de las pausas en el discurso.
      El grupo fónico. La cadena fónica o sonora que se encuentra entre dos pausas constituye un grupo fónico (/xxxxxxxx/). Esta agrupación está muy relacionada con el ritmo de la lengua. Se ha considerado que para el español, el grupo fónico oscila entre ocho y once sílabas, pero ello no quiere decir que existan grupos fónicos de una sílaba, “sí”, ni que en habla coloquial y en situación de conversación, algunas personas alcancen  grupos fónicos de más de quince o veinte sílabas.
El manejo respiratorio, el conocimiento de la lógica y la gramática de la lengua, y, por supuesto, la situación comunicativa, determinan la partición del habla o la inclusión de pausas en el discurso. Cada grupo fónico se acompaña con una línea melódica, su entonación.
      Acentos. En cada grupo fónico, desde el punto de vista sistémico, existen sílabas acentuadas, especialmente al inicio y al final de cada porción de discurso, que dan forma a la línea musical. Se visualizan mejor al utilizar puntos gruesos sobre los acentos predominantes de cada grupo fónico ( ●).
      Tonemas. Al final de cada grupo fónico se presenta un inflexión tonal que, de acuerdo con la función gramatical de la entonación, puede ser:
o   Cadencia: descenso notorio del tono fundamental, como en la oración aseverativa: “La función es derivativa”. El símbolo utilizado para la inflexión de cadencia es  ↓.
o   Anticadencia: ascenso notorio del tono fundamental, como en la oración interrogativa absoluta: “¿Vas a entregar el libro?”. El símbolo es ↑. 
o   Suspensión: se mantiene el tono fundamental así como venía del cuerpo del enunciado. El tonema de suspensión es característico de oraciones incompletas, no terminadas o de planteamientos que se explicarán inmediatamente, como en “los datos que ejemplifican el concepto dado son: ...”, “lo que quería decirte es …”. Su símbolo es →.
Los tres tonemas anteriores marcan diferencias contrastivas entre los enunciados; se relacionan con los tipos de oraciones según la intención del hablante: aseverativas, interrogativas, dubitativas.
Existen otros dos tonemas, muy relacionados con las variaciones expresivas del hablante y la función sintomática de la entonación. Su uso ocasiona gran variedad de sentidos en el habla. Ellos son:
o   Semianticadencia : el tono fundamental asciende en menor grado que para la anticadencia, como en el final del primer grupo fónico de los refranes: “Cuando el río suena, piedras lleva”. El símbolo utilizado para marcarlo es .
o   Semicadencia : el tono fundamental desciende en menor grado que para la cadencia, como en el final de los primeros grupos fónicos de enunciados enumerativos. “En este texto encontramos tablas, gráficos, anexos e imágenes de gran importancia para la comprensión del tema”. Su símbolo es .

Patrones de entonación

Desde el punto de vista del manejo de la expresión oral en el discurso, el sistema de la lengua ha establecido las siguientes configuraciones entonativas para el discurso oral en español, de acuerdo con la intención del enunciador (figura 21.1):

Figura 21.1. Configuraciones entonativas.
El conocimiento de los patrones entonativos de la lengua nos permitirá tener un mejor manejo de la expresión oral y también de la escrita; el control de la entonación expresiva hablará de nuestro carácter. La clave está en aprender y practicar.

Bibliografía

González Rátiva, M. C. (2008). Expresión oral y escrita. Medellín: Universidad de Antioquia.
Fotografía de Julio Sabala tomada de:
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Julio-sabala.jpg. Titulo: Julio sabala. Autor: Userusuario1234567890 
 Introducción  
Una de las actividades curriculares más solicitadas por los docentes en sus clases o sesiones académicas es, sin duda, la exposición. Se pretende con este requerimiento que el estudiante se apropie y maneje algunos conceptos específicos y los“socialice” para el curso. Vista como un evento comunicativo oral así de específico y con ese propósito, la exposición académica conlleva una ardua preparación que exige no sólo conocimiento conceptual, sino la adaptación de éste a los elementos pragmáticos de la comunicación: escenario, participantes, tiempo, contexto, etc., además de una disposición psicológica y corporal que coadyuvará en la expresión verbal de las ideas. Una mirada descriptiva de la exposición ayudará a organizar este tipo de presentación oral.

¿Qué es exponer?

En su primera acepción, la palabra “exponer” significa presentar algo, poner de manifiesto; desde su etimología, se agrega a la definición el “llevar más allá”, sacar. En el plano de la comunicación oral, la actividad de exponer puede tomarse entonces como la posibilidad de presentar eficientemente a los perceptores una información precisa, clara y concreta sobre alguna parte del conocimiento, que se ha preparado, asimilado y se hace manifiesta de manera objetiva, con el propósito de socializar y reconstruir significados entre el expositor y el auditorio.
Una exposición académica es una técnica susceptible de ser aprendida, una habilidad que se desarrolla en el ámbito académico y una estrategia comunicativa que se mejora a través de la práctica constante, concientizada mediante procesos de autoevaluación de nuestras intervenciones orales. Como la exposición involucra estudiante, docente y auditorio, la responsabilidad del éxito de esta actividad recae en cada uno de los participantes, de acuerdo con funciones diferentes: preparación y desarrollo, asesoría constante y atención y escucha colaborativa, correspondientemente. Nos detendremos más adelante en la parte de la responsabilidad del estudiante, la preparación y el desarrollo.
La eficacia de una exposición está en la manera como se “transmite” esa información: la organización de la información, los recursos orales desde el punto de vista del uso del lenguaje y los elementos kinésicos y proxémicos utilizados en la intervención. En este sentido, la exposición se aleja considerablemente de las prácticas de “lecturas” orales de información, que es con lo que en la cotidianidad se confunde esta actividad académica.

Características de una exposición académica

Dado que la función que cumple una exposición académica es informar, el contenido temático de la presentación debe acogerse a ser una síntesis fiel y objetiva de los documentos consultados. Tal como se vio en el apartado sobre el resumen, el autor debe organizar la información para que sea más comprensible y asequible al perceptor. Por lo tanto, la preparación de los contenidos requiere de un estudio sistemático de los temas por exponer. Sumado a ello, está la limitación del tiempo de exposición; generalmente, la duración de una exposición académica está entre veinte y cuarenta minutos. De ahí, la necesidad de presentar las ideas en forma breve, concisa y coherente.
De otra parte, no hay duda de que una exposición, así como cualquier presentación oral, es una prueba y un reto de autocontrol personal. Es una situación que genera alto nivel de tensión, ansiedad y angustia. Por ello, además de recurrir a técnicas de relajación y respiración para controlar este tipo de dificultades, es importante recurrir a estrategias discursivas tales como la paráfrasis –decir lo mismo que el autor pero en palabras propias, lo que demuestra conocimiento del tema–, ubicar un tono y una entonación adecuados y hablar pausadamente, con un léxico adecuado y acorde con el nivel de preparación académica del auditorio.
En relación con la kinesis y la proxemia, en la exposición hay que actuar y moverse de manera natural y sencilla, siempre ser uno mismo, sin tomar posturas falsas, incómodas o impropias a nuestra manera cotidiana de ser, dentro de un ámbito de respeto y responsabilidad hacia los perceptores y la academia; establecer el contacto visual con la mayor parte del auditorio para ubicar los puntos focales que generan confianza y atraer a quienes aportan y colaboran pragmáticamente con la situación; utilizar gestos ilustrativos que influyan de manera positiva en el significado del mensaje, a través de una actitud que invite a compartir la información de manera afable y entusiasta.
La exposición académica también se caracteriza por una superestructura: introducción, cuerpo, conclusiones y preguntas. Sin embargo, se reitera que esta actividad requiere del análisis y la preparación paso a paso de cada uno de los elementos que la componen, tales como el espacio, el auditorio, la información, los recursos, entre otros, todo ello dentro de una organización temporal compuesta por la planeación, el desarrollo y la evaluación y los compromisos que se desprendan de la exposición. En el siguiente apartado veremos en detalle uno a uno estos aspectos, a manera de estrategia.

Estrategia para la realización de una exposición académica

Planeación

      El tema de la exposición. Tanto si se puede elegir el tema, como si éste es asignado por el docente, debe recurrirse a la elaboración de un esquema de subtemas (tipo esquema asociativo o estrella) que guíe la delimitación de los componentes conceptuales de la exposición. Una consulta breve al asesor de la materia puede bastar para realizar el esquema y enumerar en orden de importancia la lista de subtemas.
      La intención. Hay que saber qué se pretende al hacer una exposición. La función de la exposición es informativa, luego el propósito de esta presentación debe estar acorde con dicha función (dar a conocer un tema), en términos de cómo la presentan uno o varios autores (un modelo, una teoría, etc). Es necesario tener claro cuál será el beneficio para el auditorio al asistir a la exposición: informarse, profundizar, saber más sobre un tema.
Entonces, por lo general, los comentarios, opiniones y debates que surjan del estudio del material que se va a exponer no se incluyen, pero pueden ser objeto de otro discurso oral o escrito; por ello, deben hacer parte de un archivo fácil de ubicar. A veces, en la parte final de la exposición o en las preguntas suele suscitarse una discusión o un debate que puede incluir puntos de vista personales sobre el tema.
      El auditorio. ¿A quién va dirigida la exposición? Esta pregunta debe quedar resuelta desde el inicio de la planeación. Obviamente, no es lo mismo exponer a los compañeros del curso que a los de otro curso, a un grupo de profesores, a la comunidad en general o a un grupo de invitados externos a la universidad, entre algunos tipos de auditorio.
Conocer las características sociales del auditorio es fundamental para adecuar el discurso y el tono de la exposición. La edad, el número, el género, el nivel educativo, las tendencias religiosas o políticas pueden influir en las decisiones sobre el tratamiento del tema. Por ejemplo, aunque el registro sea formal en cualquiera de los casos, ya que se trata de un evento académico, el léxico, algunas frases, la escogencia de ejemplos o analogías en alguna explicación puede variar de acuerdo con el destinatario.
Si se conoce con anterioridad el nivel de saber y conocimiento del auditorio en relación con el tema, será fácil pasar por alto algunos conceptos muy básicos y profundizar algunos temas. Si se sabe de antemano qué intereses específicos tiene el destinatario, se podrá escoger una buena gama de ejemplos que llamen aún más su atención. Si se presenta de antemano alguna información sobre el expositor, también el auditorio puede venir preparado a participar. Por último, si el auditorio se da cuenta de que el expositor lo tuvo en cuenta en su preparación, sabrá apreciar mejor la presentación y lo valorará con su interés, colaboración y participación.
      El espacio físico. Es conveniente saber cuál es el lugar donde se va a realizar la exposición. Si es, por ejemplo, el mismo salón de clases, hay que estar atento a la acústica del lugar, sobre todo para la acomodación del volumen de la voz; el número y disposición de las sillas y de la mesa para recursos audiovisuales, que nos brinde un escenario cómodo; la iluminación del sitio, para adecuar las ayudas; y, muy importante, saber con qué recursos cuenta el aula, como proyectores, video-beam, etc.
      El material. Con el tema delimitado, el propósito definido y el auditorio y el lugar bien identificados, la búsqueda de material se hace mucho más fácil. A veces, el docente recomienda la bibliografía al momento de repartir temas de exposición; otras veces, debe consultarse la parte bibliográfica del programa del curso; y en algunas ocasiones la búsqueda es autónoma. Aparte de ubicar los textos de lectura necesarios, también es necesario encontrar material visual de apoyo. La estrategia de lectura global se recomienda para seleccionar imágenes, cuadros y tablas que hagan parte del material de apoyo en la exposición.
      Una vez seleccionados los textos base, se debe proceder a su lectura, la elaboración de resúmenes y de esquemas de estudio. Al momento de hacer la lectura profunda de los textos, hay que separar algunos datos claves que ayuden a formular la introducción y el cierre de la exposición: alguna estadística concreta, una anécdota biográfica de un autor, un resultado de investigación interesante, un ejemplo de impacto, etc.
      Radiografía de la exposición. A partir de la lista de subtemas, los resúmenes y los esquemas, debe elaborarse una estructura o plan general de exposición que, en principio, puede contener los siguientes ítems:
o         Saludo y presentación o Título o Introducción o Objetivos o Índiceo Título del subtema 1
Afirmación, explicación, ejemplificación, transición.
o         Título del subtema 2
Afirmación, explicación, ejemplificación, transición.
o         Conclusiones o Cierre
o         Finalización o Preguntas o Agradecimientos y despedida
Al frente de cada aspecto hay que anotar las palabras clave, las oraciones que sinteticen la información (vea el módulo 24 sobre párrafos funcionales), la ubicación del material de apoyo, y anexarle los esquemas propios que acompañen cada aspecto.
      La elaboración del material audiovisual. Acompañar una exposición con material audiovisual en cualquiera de los programas que se brindan para ello (PowerPoint, Flash, etc.) o en acetatos o diapositivas, ayuda a manejar el tiempo de la presentación, es una guía conceptual para el expositor y el auditorio, ayuda a mantener el interés del auditorio y mejora la comprensión de los temas expuestos.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que se trata de una ayuda y no de un esquema de lectura; es decir, lo que se presente al auditorio es una orientación mas no una ficha que deba leerse. Por ello, el tamaño del texto, la cantidad de texto, la disposición de los gráficos y las imágenes deben ser legibles y cómodos para la vista del auditorio. Es importante reiterar que el expositor debe, a partir de un vistazo rápido por cada “pantallazo”, explicar y ejemplificar los contenidos allí presentados y no detenerse a leer cada punto que aparezca.
      Elaboración del guión. ¿Qué se va a decir en cada apartado? Ya con la radiografía de la exposición y el borrador del material audiovisual, se puede establecer para cada “pantallazo” una guía conceptual de lo que debe exponerse para cada etapa de la exposición. Una ficha elaborada a partir
de los resúmenes, en palabras propias, legibles y comprendidas, bastará para repasar cada punto temático. No se trata aquí de aprenderse de memoria cada ficha, sino de explicar el concepto, asociarlo, manejarlo y poder manifestarlo apropiadamente en la situación de exposición. Cuando se memorizan los conceptos, generalmente se transmiten a modo de recitación; en cambio, si un concepto se apropia, se comprende, su transmisión o exposición sale naturalmente y será de más impacto si se hace con el propio estilo del expositor, porque va a demostrar que sí entendió el tema.
      Ensayo. Un punto clave para lograr el éxito en una exposición es la realización de un ensayo. Un espejo o un compañero serán los mejores aliados. El ensayo va a permitir, en primer lugar, empezar a manejar los conceptos, y, sobre todo, a manejar el tiempo de la exposición de acuerdo con los minutos asignados.
Una vez realizado el ensayo, se puede evaluar qué puede replantearse en la organización o en la temática para que sea relegado o incluido en el plan; qué puntos están totalmente claros o hay que volver a revisar; si faltan ejemplos, definiciones o temas; si se entiende cada parte y se está enlazando la información constantemente; si se pueden relegar algunas temáticas o darles menos peso en la exposición, entre otros aspectos evaluativos.
En el ensayo se puede acudir a los apuntes y a las fichas de resumen, al guión y a los gráficos, para mejorar la comprensión del tema. Sin embargo, se debe intentar desde este momento liberarse de estos documentos, concientizándose de que el tema está ya aprendido y asimilado. Las explicaciones deben ser muy propias y debe acudirse a la guía que se presenta en el material audiovisual. Aquí podría hacerse una revisión del guión para resaltar palabras clave que ayudan a asociar las ideas, retomarlas y manifestarlas.
Tomados en cuenta estos puntos del ensayo se procede a una revisión metodológica y conceptual, que permita dejar enteramente planteado el plan de exposición y la síntesis del guión, único documento personal que se puede incluir en la presentación.
      Los aspectos personales. No está de más incluir en la preparación de una exposición el tema del vestido. Éste debe también estar acorde con la situación específica de la exposición, el espacio y los participantes. Generalmente, como la exposición es un acto académico formal, exige una presentación personal a esta altura; sin embargo, no se debe exceder en la selección de ropa formal: si la exposición es en el salón de clase y con los compañeros cotidianos, basta con usar la ropa de diario y zapatos formales y adecuados; si el sitio se cambia a un auditorio y hay invitados del medio, la selección debe ser más formal: traje un poco más elegante, pantalón y zapatos oscuros y camisa blanca o clara, en el caso masculino. Para el vestuario femenino, hay que ser un poco cuidadoso con los colores muy fuertes y llamativos, así como con la ropa muy ceñida y corta, ya que esto puede desviar la atención del auditorio y también incomodar a la misma expositora.
Otro punto que guarda relación con los aspectos personales es la puntualidad. Una buena preparación incluye la organización del tiempo para poder estar minutos antes en el sitio de la exposición, verificando que todo esté en orden y poder iniciar a tiempo la presentación. Es una forma importante de demostrar respeto por la materia y por el auditorio.
      Los aspectos sicológicos. Toda presentación genera un estado de ansiedad y nerviosismo, ya que se es el centro de atención de un grupo que“evalúa” nuestros saberes y competencias. Además, en este caso específico, la exposición, como hace parte del sistema evaluativo, desempeña un papel relevante en la aprobación del curso. No obstante, haber realizado una preparación juiciosa y dedicada garantiza en buena parte la seguridad de llevar una buena presentación al auditorio.
Esa seguridad debe opacar a la ansiedad. Para sentirse aún más seguro, puede dedicar unos breves minutos a la relajación mediante alguna técnica de respiración, en la mañana antes de levantarse y algunos instantes antes de la exposición. Si tiene alguna fragancia o aroma que le hace sentir mejor, lleve un algodón o un pañuelo con ella y experimente esa sensación antes de iniciar la presentación.

Desarrollo

      Presentación y saludo. Ya en el sitio y hora señalados, hay que esperar pacientemente a que la clase inicie con las palabras del profesor y sea él quien haga la presentación formal. Una vez se haga esto, se pasa al saludo ante el auditorio. Un sencillo “buenos días, tardes o noches” es suficiente ante el curso; si a él asisten invitados externos, es necesario dirigirse directamente a ellos, de manera individual, por ejemplo “profesor Hernando Gómez”, o de manera grupal, “señores miembros del Consejo, profesor, compañeros y compañeras”.
      Introducción. Este primer contacto con el público es fundamental para establecer el tono de la exposición y la relación con el auditorio. Evite sobremanera el chiste o un acto gracioso; esto puede traer efectos negativos a la credibilidad que necesita en este momento. Más adelante, tal vez, sea conveniente mostrar buen humor.
Los datos preparados para servir como introducción sirven también para tener un primer contacto con el público y equilibrar algunos aspectos que deben tenerse en cuenta a lo largo de la exposición:
      La velocidad de habla. Trate de no hablar rápido; conviene más ser pausado, por razones de la comprensión del auditorio.
      La dicción y la articulación. Los movimientos articulatorios del habla deben ser tensos, de manera que permitan una mejor audibilidad.
      El volumen. Asegúrese de que todo el auditorio lo esté escuchando, sin molestar a las personas que están más cercanas por hablar tan fuerte. Modere y cambie la intensidad de la voz de acuerdo con las temáticas presentadas: aquello más importante con un buen nivel de sonido; los apartes de transición y algunos detalles meramente complementarios pueden estar a un nivel bajo de fuerza o energía.
      Cuerpo de la exposición. La presentación en sí de la temática específica de la exposición debe estar muy acorde a los siguientes aspectos:
      La gestualidad. Relaje aún más los músculos faciales y corporales hasta lograr que sus movimientos sean cómodos y naturales. Atienda sobre todo a los movimientos de brazos y manos: siempre visibles y al frente para que adquieran formas ilustrativas.
      La proxémica. Ubíquese de manera que alcance a tener ángulo visual sobre la mayoría de los presentes; atienda a las miradas solidarias y fije una mirada de confianza sobre algunos compañeros; trate de no dar la espalda a nadie, ni mucho menos a todo el auditorio cuando deba escribir en el tablero o leer algo de la pantalla. Si se siente más tranquilo acercándose al auditorio o desplazándose, hágalo sin abusar del movimiento, ya que esto puede transmitir impaciencia.
      El lenguaje. Utilice un lenguaje claro, sencillo, con el léxico especializado requerido, frases cortas pero en oraciones completas, con sentido y coherencia.
      El estilo. Trate de utilizar un estilo diferente para cada apartado de la exposición; por ejemplo, velocidad lenta, volumen alto, articulación precisa y un tono enfático durante las afirmaciones. Una velocidad e intensidad media con tono persuasivo durante las explicaciones y los ejemplos; y aumente la velocidad y disminuya el volumen y el tono para las partes de transición. Lo importante es evitar hacer una presentación monótona y estática.
      El tiempo. Usted ya conoce la estructura total de la exposición; si ve que no ha llegado a la mitad de la temática y está sobre la mitad del tiempo, acelere un poco la presentación, sintetizando o elidiendo algunos ejemplos o citas, o disminuyéndoles tiempo a las partes de transición. Es bueno llegar con tiempo a las conclusiones. Si el docente le pide que avance rápidamente, hágalo; es mejor esto y evitar que no se le permita terminar el tema.
      Conclusiones y cierre. Presente las ideas básicas que sinteticen aún más la temática expuesta. A estas partes, deles el mismo tono que a la introducción. Esta es la imagen que deja entre el auditorio. La exposición debe dejar en el auditorio inquietudes, expectativas e interés por seguir indagando el tema; por ello, deben presentarse las fuentes que se consultaron y, de ser posible, otras fuentes por consultar. El tema debe quedar abierto.
      Finalización. De la misma manera como se esperó la presentación, hay que respetar el espacio final de la actividad. El docente debe dirigirse al auditorio para dar por finalizada la sesión temática. Sus palabras contribuyen y construyen esta práctica y esta tarea, de tal forma que hay que recibirlas y agradecerlas con sencillez y respeto. 
      Preguntas. Cada intervención del auditorio debe ser escuchada con la máxima atención. A veces es sólo un comentario; otras veces, sí corresponde a inquietudes. Cada una debe ser valorada positivamente:
“importante”, “relevante”, “destacable”, etc. Tómese el tiempo necesario para responder, de acuerdo siempre con lo expuesto. De no saber la respuesta, hágalo conocer con sinceridad, pero con el compromiso de indagar y traer respuestas una vez la tenga.
      Agradecimientos y despedida. Una vez finalizada la sesión de preguntas, presente los agradecimientos correspondientes y despídase, recordando los compromisos adquiridos.

Evaluación

Todo comentario que se desprenda de la exposición debe ser bienvenido, pues ayuda a mejorar cualquier aspecto para una próxima presentación. En este sentido, podría mirarse esta evaluación en tres niveles:
      Una coevaluación externa. Si se tiene en cuenta todo aquello que los compañeros puedan aportar, hay que preguntar luego de la clase qué les pareció, cómo vieron a la persona en calidad de expositor, qué recomendaciones harían.
      Una evaluación formal de parte del docente. En horas de asesoría puede pedírsele una consideración técnica sobre la exposición; sin duda, este tipo de charla servirá enormemente para perfeccionar alguno de los aspectos mencionados.
      Una autoevaluación. Cada uno de los ítems que aquí se presentaron para realizar una exposición deben ser evaluados a conciencia. Qué debo mejorar, qué debo practicar, qué faltó y qué aspectos se convierten en fortalezas para aprovechar a la hora de volver a exponer, son las preguntas que enriquecen, forman y hacen cada vez mejor el trabajo académico oral. Un material de autoevaluación para el seguimiento de las exposiciones realizadas se presenta a continuación (tabla 30.1). Sería conveniente resolver la ficha evaluativa con un compañero, y muy formativo si se llegara a resolver en asesoría con el docente.

Compromisos

La exposición termina una vez se cumpla con los compromisos adquiridos durante la intervención: la presentación de respuestas a las inquietudes no resueltas, la búsqueda de nueva bibliografía o de definición de conceptos, citas, etc., o la entrega o envío de un documento de síntesis, de resumen o de complemento a lo expuesto, confieren al expositor la imagen de profesionalismo y seriedad, necesarios en el ámbito académico.

Bibliografía

González Rátiva, M. C. (2008). Expresión oral y escrita. Medellín: Universidad de Antioquia.




Introducción  
Respirar es un acto de vida, es el acto imprescindible de la existencia humana. Las funciones de la respiración, más allá de la oxigenación celular y la liberación de toxinas, están relacionadas con la salud física y mental y sirven como fuente de la materia prima del habla humana, la corriente de aire. Desde el punto de vista de la producción discursiva, la respiración actúa como fuelle y como mecanismo de control de la tensión y la ansiedad y es base de la relajación necesaria a la hora de ejercer la oralidad.

Componentes del sistema respiratorio

La energía de la corriente de aire que utilizamos al hablar es el resultado de las  variaciones de presión ejercidas por la estructura respiratoria de la figura 18.1:
      Tórax (esternón, columna vertebral, doce pares de costillas).
      Músculos internos intercostales.
      Músculos externos intercostales.
      Diafragma. Músculo aplanado y delgado en forma de cúpula, que sirve como base de los pulmones.
      Pulmones
Figura 18.1. Órganos del sistema respiratorio que actúan como fuelle en el habla.

Fases de la respiración

La entrada y salida de la corriente de aire se cumple en dos fases: la inspiración y la  espiración.

▪ La inspiración

Como el aire fluye de zonas de presión alta a zonas de presión baja, para que el aire ingrese a los pulmones es necesario que la presión alveolar (pulmonar) sea menor que la presión atmosférica externa.
La acción de los músculos externos intercostales hace que la cavidad torácica aumente de tamaño, disminuyendo la presión de aire pulmonar, lo que permite que se cree una corriente de aire ingresiva. La cavidad torácica se amplía verticalmente por efecto de la contracción del diafragma. Este mismo movimiento ocasiona una expansión en ascenso de las costillas y una presión abdominal, notoria en el desplazamiento hacia afuera de la cavidad abdominal. La contracción de los músculos externos intercostales hace que éstos se acorten, ayudando en la separación y el ascenso de las costillas. El proceso de inspiración o flujo de aire ingresivo es ocasionado por una expansión anteroposterior y transversal del tórax, como se aprecia en la figura 18.2.
Figura 18.2. Diagrama de la posición de órganos durante la inspiración, el reposo y la espiración.

▪ La espiración

La espiración o corriente de aire egresiva se da por un aumento de la presión pulmonar, que se logra al reducir el tamaño del tórax y los pulmones.
De una parte, la energía que se libera cuando los músculos externos intercostales vuelven a su posición al final de la inspiración hace que los pulmones se encojan, el tórax retroceda y el diafragma ascienda (figura 18.2). Otro mecanismo de espiración, más activo, es a través de la intervención de los músculos internos intercostales y los músculos abdominales, que ocasionan el descenso de las costillas, los primeros, y mueven hacia adentro la pared abdominal, los segundos.
La respiración da cuenta de dos flujos de aire, uno ingresivo y otro egresivo que, a modo de fuelle, inician el proceso de la corriente de aire, base sustancial de la fonación.

Respiración vital y respiración fonatoria

Dado que las funciones básicas de la respiración se relacionan con la entrada y salida de oxígeno y de dióxido de carbono de los pulmones, se considera a este mecanismo como la respiración vital, en la cual la presión pulmonar es relativamente baja. Cuando el sistema respiratorio actúa para producir una corriente de aire con la cual se emiten los sonidos lingüístico-comunicativos, se habla de una respiración fónica fonatoria. En esta clase de respiración se necesita una presión pulmonar alta para que se produzca la vibración o la explosión de aire a través del tracto vocal.

Veamos las características compartidas y diferenciales de estos dos tipos de respiración (tabla 18.1).

Intervención de la respiración en la expresión oral

El manejo y el control de la respiración fonatoria influyen notoriamente en varios aspectos del discurso:
      El volumen de la voz
El mantenimiento de la presión pulmonar a través de los movimientos diafragmáticos asegura el control de la energía sonora del habla necesaria para que no se disminuya la  intensidad de la voz y con ello la perceptibilidad del sonido en los oyentes.
      El acento
Uno de los componentes acústicos de las sílabas tónicas en español es la fuerza espiratoria. Este acento de intensidad permite distinguir con claridad palabras agudas, graves y esdrújulas, reconocer cambios o alteraciones en la forma intensiva de las palabras y relacionar su pronunciación con las normas de acentuación gráfica o el uso de la tilde.
      El énfasis
En el discurso oral es común encontrar alteraciones del acento normativo de las palabras, debido a intenciones particulares o estilísticas del orador sobre el discurso. Este uso se denomina acento enfático o estilístico; una persona puede realzar el acento de una sílaba, una palabra o un enunciado completo mediante una carga de fuerza espiratoria mayor, siempre con el fin de destacar las partes del discurso que para él son importantes y quiera que se escuchen con mayor atención.
De otra parte, algunos expertos en oratoria, por ejemplo, recomiendan hacer mayor énfasis en la última sílaba acentuada antes de llegar a la pausa. Esto con el fin de mantener la atención del auditorio y propiciar un ritmo de enunciación que permita mayor retención de la información en el público.
      Las unidades o agrupaciones de elementos fónicos
El impulso diafragmático interviene en la producción de cada una de las sílabas de las palabras de la lengua; para silabear se requiere un esfuerzo notorio, por ejemplo.
Las pausas dentro del discurso se aprovechan para espirar aire no utilizado en la fonación y renovar el aire que será usado en nuevos enunciados. Estas pausas permiten, además, diferenciar partes del discurso que, gracias a la entonación que las acompaña, imprimen sentido a los enunciados.

Bibliografía

González Rátiva, M. C. (2008). Expresión oral y escrita. Medellín: Universidad de Antioquia.

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