Semana #6 Lectoescritura Grado 10 Olga Lucia Ruiz

SESIÓN #11

Introducción a los modos discursivos[1]

Una idea puede ser expresada de muy distintas formas. Desde el punto de vista discursivo, existen varias maneras o modos del discurso. Así, reconocerlos, caracterizarlos y mejorar su expresividad dentro del ámbito académico es de gran importancia. Los discursos que cumplen su propósito son aquellos que tienen definida su estructura y hacen uso de los elementos que cada modo ofrece para facilitar el proceso significativo, de acuerdo con la intencionalidad de los interlocutores.
En la manifestación discursiva verbal existen diversas formas o modos de uso del lenguaje: la narración, la descripción, la exposición y la argumentación. Hablantes y autores usan el lenguaje para, en términos generales, ofrecer una visión de la realidad, participar sucesos, explicar significados o presentar puntos de vista. La forma de organizar el discurso a través de estos modos es distinta para cada uno de ellos. Sin embargo, rara vez un discurso pertenece enteramente a un solo modo; los discursos mezclan estructuras, formas y tramas de acuerdo con la necesidad de expresión del pensamiento. En cada mensaje puede haber un modo discursivo predominante.

Descriptivo[1] 

Describir o hacer descripciones es el modo discursivo mediante el cual se pretende entregar información concreta de cómo es un objeto, una experiencia, un lugar, una persona, una sensación o un sentimiento. La intención del discurso descriptivo verbal es dibujar con palabras la realidad de tal forma que sea lo más idéntica posible a la idea de ella, para hacer que el destinatario “vea” lo que se le dice o escribe.

Narrativo[2]  

Un orador o un escritor puede presentar la información a partir de sucesos o acontecimientos organizados temporalmente y causalmente conectados. De esta manera hacen uso de un modo discursivo: la narración. Narrar es relatar hechos reales o ficticios, donde el elemento temporal es la clave que permite su comprensión e interpretación. La historia es el eje central de la narración; los eventos de un relato transcurren, pasan, dependen de la temporalidad.


La finalidad del discurso narrativo es contar, relatar sucesos que pueden partir de la realidad, de creencias sociales, visiones del mundo o del pensamiento del ser humano. Contiene un hilo conductor que no se puede perder de vista. Por ello, lo más importante a la hora de narrar es tener en cuenta la coherencia de los hechos en la organización discursiva: así los acontecimientos narrados pertenezcan a la ficción, deben tratar de convencer al destinatario de que en verdad sucedieron, a lo mejor, en un momento de la historia diferente del actual.

Expositivo4  

Cuando el propósito de la enunciación es transmitir información de manera que sea lo más comprensible para su destinatario, este mensaje se ubica en un modo discursivo expositivo. Al “exponer”, el enunciador explica un tema para hacerlo conocer a los demás; el sentido de toda exposición es presentar información, transmitir conocimiento.
Como el objetivo de exponer es fundamentalmente informar, en los enunciados expositivos predomina la función referencial; es decir, la función lingüística cuyo propósito es transmitir conocimiento e información. En el discurso expositivo se da prioridad a la entrega de información respecto a un tema, con el objetivo de incrementar el conocimiento del lector en determinada materia. El enunciador debe ofrecer la información necesaria para que de una manera objetiva se comprenda el mensaje totalmente. Por ello, al exponer se utilizan recursos como las comparaciones, las definiciones, las clasificaciones y las enumeraciones, entre otros.

Argumentativo[1]

La argumentación es una práctica discursiva oral o escrita. Esta clase de discurso implica el desarrollo de estrategias cognitivas específicas, como las habilidades para expresar razonablemente un punto de vista personal frente a un determinado tema. El propósito de toda argumentación es convencer, o por lo menos, desestabilizar las creencias u opiniones de otro ante un asunto. Cada individuo tiene una visión de mundo, un punto de vista, una opinión, cuya interpretación no es compartida por todas las personas, y que, por tanto, genera polémica o controversia; la expresión de ese discurso es argumentativa en tanto tiene como intención que los demás adhieran a ese pensamiento.
La argumentación oral es frecuente en situaciones cotidianas como la conversación; lo es en el medio universitario, en los conversatorios, los debates, los seminarios, las sustentaciones, por ejemplo. La argumentación escrita es más usual en el medio periodístico, y académicamente debe estar presente en todos sus medios escritos: informes, artículos, comentarios, trabajos de grado, etc. Por ello, la argumentación exige y requiere mayor atención a su planificación y a un conocimiento de la estructura propia de esta clase de discursos.

Bibliografía

González Rátiva, M. C. (2008). Expresión oral y escrita. Medellín: Universidad de Antioquia. 


SESIÓN #12 


El discurso descriptivo

Introducción

En la manifestación discursiva verbal existen diversas formas o modos de uso del lenguaje: la narración, la descripción, la exposición y la argumentación. Hablantes y autores usan el lenguaje para, en términos generales, ofrecer una visión de la realidad, participar sucesos, explicar significados o presentar puntos de vista. La forma de organizar el discurso a través de estos modos es distinta para cada uno de ellos. Sin embargo, rara vez un discurso pertenece enteramente a un solo modo; los discursos mezclan estructuras, formas y tramas de acuerdo con la necesidad de expresión del pensamiento. En cada mensaje puede haber un modo discursivo predominante.

Describir

Describir o hacer descripciones es el modo discursivo mediante el cual se pretende entregar información concreta de cómo es un objeto, una experiencia, un lugar, una persona, una sensación o un sentimiento. La intención del discurso descriptivo verbal es dibujar con palabras la realidad de tal forma que sea lo más idéntica posible a la idea de ella, para hacer que el destinatario “vea” lo que se le dice o escribe. 
El autor o hablante utiliza los signos lingüísticos, las comparaciones y otras técnicas para representar la imagen de situaciones, objetos o personas, designándolos y atribuyéndoles cualidades que los convierten en únicos. Los textos literarios, las guías turísticas, los inventarios y los diccionarios utilizan muy a menudo el modo discursivo descriptivo.

Recursos de la descripción

Sobre aquello que se va a describir, el modo discursivo presenta:
▪ Los elementos. Especifican las partes, las cualidades y las circunstancias.
▪ La caracterización. Determina con exactitud los atributos que lo distinguen  como específico.
▪ El detalle. Hace una lista pormenorizada y meticulosa de particularidades.
▪ La imagen estática. Establece un estado de la idea.
▪ Precisión y concisión. Nombres y cualidades se expresan a través de palabras como sustantivos y adjetivos que identifican apropiadamente la idea.

Clases de discurso descriptivo

De acuerdo con la intención del autor, el modo discursivo descriptivo puede ser:
▪ Objetivo. El discurso se ajusta fielmente a la realidad; es una manifestación exacta. Suele conocerse como descripción técnica.
▪ Subjetivo. Prevalecen en el discurso ideas, intereses, sensaciones y emociones. También se le denomina descripción literaria.
De acuerdo con lo descrito, la descripción puede ser:
▪ Topográfica. Paisajes, lugares.
▪ Prosopográfica. Personas o seres animados.
▪ Etopéyica. Conductas o características sicológicas.
▪ Cronográfica. Circunstancias o ambiente de un momento o época.

Método para elaborar un discurso descriptivo

Para construir un discurso descriptivo conviene tener en cuenta ciertas etapas metodológicas:
▪ La identificación. Consiste en delimitar aquello que se va a describir.
▪ La observación. Se trata de analizar en detalle lo que se va a describir, reparando en sus formas, partes, colores, ambientes, circunstancias, relaciones y espacios, además de las particularidades concretas. Dicha observación se puede hacer directa o indirectamente.
▪ La selección de rasgos. Es la etapa donde, de acuerdo con unos modelos de desarrollo del tema –analítico, espacial, cronológico, proyección sistemática, efecto acumulativo–, se seleccionan los elementos para describir.
▪ El orden de presentación. El autor o emisor dispone de un criterio de organización de los rasgos seleccionados. La presentación puede ser de lo general a sus partes, de dentro hacia fuera, de lo lejano a lo próximo o viceversa, etc. Una vez estructurado el discurso se lleva a cabo la expresión verbal de las unidades que se han observado y seleccionado.
A continuación se presenta un fragmento literario, donde prima el modo descriptivo. En el ejemplo, el escritor utiliza gran cantidad de figuras de lenguaje propias de este tipo de texto subjetivo.
En Los pasos perdidos, su autor, el cubano Alejo Carpentier, presenta a un músico que viaja a una zona selvática y allí cree renacer. 
Tomado de: Carpentier, Alejo. Los pasos perdidos.  1953.
“(9 de diciembre)
Acaba el Sol de asomarse sobre los árboles cuando atracamos junto a la antigua mina de los griegos, cuya casa está abandonada. Han transcurrido siete meses apenas desde que aquí estuve, y la selva ha vuelto a apoderarse de todo.
La choza en que Rosario y yo nos abrazamos por vez primera ha reventado literalmente por el empuje de plantas crecidas desde adentro, que levantaron su techo, abrieron las paredes, haciendo hojas muertas, material podrida de las fibras que hubieran dibujado el perfil de una vivienda. Además, como la última crecida del río fue particularmente caudalosa, el terreno estuvo anegado. Ha llovido fuera de estación, las aguas no terminaron de descender hacia su más bajo nivel, y en las riberas se pinta una franja de tierra húmeda, cubierta de escorias de la selva, sobre las cuales revolotean miríadas de mariposas amarillas, tan apretadas unas a otras al moverse, que bastaría pegar con un bastón en uno de los enjambres para sacarlo pintado de azufre. Al ver esto, comprendo el origen de migraciones como la que me tocara ver en Puerto Anunciación, cuando el cielo quedó oscurecido por una interminable nube de alas. De pronto bulle el agua y un cardumen de peces que saltan, chocan, se atropellan, pasa por encima de nuestra barca, erizando la corriente de aletas plomizas y colas que se abofetean con ruido de aplausos. Luego, pasa volando en triángulo una bandada de garzas y, como respondiendo a una orden dada, todos los pájaros de la espesura empiezan a alborotar en concierto. Esta omnipresencia del ave, poniendo sobre los espantos de la selva el signo del ala, me hace pensar en la trascendencia y pluralidad de los papeles desempeñados por el Pájaro-Espíritu de los esquimales, que es el primero en graznar cerca del Polo, en lo más empinado del continente, hasta aquellas cabezas que volaban con las alas de sus orejas en el ámbito de la Tierra de Fuego, no se ven sino costas ornadas de pájaros de madera, pájaros pintados en la piedra, pájaros dibujados en el suelo –tan grandes que hay que mirarlos desde las montañas–, en un tornasolado desfile de majestades del aire; Pájaro-Trueno, Águila-Rocío, Pájaros-Soles,
Cóndores-Mensajeros, Guacamayos-Bólidos lanzados sobre el vasto Orinoco, zentzontles y quetzales, todos presididos por la gran triada de las serpientes emplumadas: Quetzalcóatl, Gucumantz y Culcán... Ya proseguimos la navegación y cuando se hace arduo el bochorno del mediodía sobre las aguas amarillas y revueltas señalo a Simón, a la izquierda, la pared de árboles que cierra la ribera hasta donde alcanza la mirada. Nos acercamos, y empieza una lenta navegación, en busca de la señal que marca la entrada del caño de paso. Con la vista fija en los troncos busco, a la altura del pecho de un hombre que estuviera de pie sobre el agua, la incisión que dibujan tres V superpuestas verticalmente, en un signo que pudiera alargarse hasta el infinito. De cuando en cuando, la voz de Simón, que rema despacio, me interroga. Seguimos más adelante. Pero pongo tanta atención en mirar, en no dejar de mirar, en pensar que miro, que al cabo de un momento mis ojos se fatigan de ver pasar constantemente el mismo tronco. Me asaltan dudas de haber visto sin darme cuenta; me pregunto si no me habré distraído durante algunos segundos; mando volver atrás, y sólo encuentro una mancha clara sobre una corteza o un simple rayo de sol. Simón, siempre plácido, sigue mis indicaciones sin chistar. La canoa roza los troncos y tengo, a veces, que apartarla afianzando en un árbol la punta de un machete. Pero ahora la busca de la señal sobre esa inacabable sucesión de troncos todos iguales me produce una suerte de mareo. Y me digo, sin embargo, que el empeño no es absurdo: en ninguno de los troncos ha aparecido nada semejante a las tres V superpuestas. Ya que existen y que lo escrito sobre una corteza nunca se borra, habremos de encontrarlas”.
Alejo Carpentier
El novelista, ensayista y musicólogo cubano Alejo Carpentier, nacido el 26 de diciembre de 1904 en La Habana, está considerado como uno de los artífices de la renovación de la literatura latinoamericana. A los doce años viajó a París, donde se inició en los estudios musicales. A su regreso a Cuba comenzó a trabajar como periodista y a participar en movimientos políticos izquierdistas. Fue encarcelado y al ser puesto en libertad se exilió en Francia. Poco después regresó a su país, trabajó en la  radio y llevó a cabo importantes investigaciones sobre la música popular cubana. Más tarde visitó México y Haití, y en 1945 se radicó en Venezuela. Cuando se produjo el triunfo de la revolución castrista en 1958, Carpentier regresó nuevamente a Cuba y trabajó en varios cargos diplomáticos para el gobierno de Fidel Castro. Entre sus novelas hay que destacar El reino de este mundo, que tiene como tema central la revolución haitiana y el tirano del siglo XIX Henri Christophe, y  Los pasos perdidos, que trata sobre el diario ficticio de un músico cubano en el Amazonas. Otra de sus novelas, Guerra del tiempo, describe la violencia y la represión del gobierno cubano de  Fulgencio Batista durante la década de 1950. Después publicó El siglo de las luces, Concierto barroco, El recurso del método y La consagración de la primavera. El concepto “lo real maravilloso” inventado por Carpentier y divulgado en el prólogo a su novela El reino de este mundo ha servido para tipificar su propia novelística. Es un símil del llamado “realismo mítico” incorporado a la descripción 

Bibliografía

realidad hispanoamericana. La realidad y el sueño, la razón y la imaginación, la historia y la fábula, la vida y la muerte entretejen sus lazos narrativos hasta llegar a conformar una especie de tapiz suntuoso, mágico y alegórico, conceptual y, por momentos, culterano.
Alejo Carpentier falleció en París el 24 de abril de 1980, cuando ocupaba el cargo de embajador de su país en Francia.
Fuente: www.noticiasliterarias.com

González Rátiva, M. C. (2008). Expresión oral y escrita. Medellín: Universidad de Antioquia. 


Introducción
El uso del lenguaje y la comunicación mediante el lenguaje verbal exige altísimos niveles de composición y descomposición del mensaje en unidades con las que se construyen los enunciados lingüísticos. La estructuración lingüística de los mensajes incide en su comprensión: una buena construcción es garantía de una eficiente comunicación. Así, al entender mejor el proceso de articulación, jerarquización y construcción del discurso, podemos mejorar cada vez más la expresión verbal.

Las oraciones

La oración es una unidad gramatical independiente, no debe cumplir reglas de aparición en una unidad mayor y se forma a partir de la creatividad y la intención del hablante.
La estructura de una oración gira alrededor del verbo, de la acción. La mayoría de las oraciones de la lengua incluyen como mínimo un verbo, al cual podrían complementar un sujeto, un objeto, un atributo y una circunstancia. Por tanto, una oración simple, bien formada, se organizará de la siguiente manera (tabla 10.3):

Tabla 10.3. Estructura de la oración simple.

Sujeto
Verbo
Objeto
Circunstancia
La ciudad
Recibe
Nuevos habitantes
Cada día

Esta estructura simple, u oración simple, puede cambiar en la medida en que el hablante quiera, por ejemplo, expandir o agregar ideas a uno de los elementos:
“La ciudad de Medellín”; o reordenar los elementos que la componen: “Cada día, nuevos habitantes recibe la ciudad”, para darle un énfasis especial a la circunstancia, en este caso.
También la oración puede volverse una estructura compleja, u oración compleja, si se le anexa otra estructura simple a uno de sus elementos.
Hay coordinación cuando el elemento tiene el mismo nivel de jerarquía:
“La ciudad y el Área Metropolitana….”,
“La ciudad recibe, acoge…”,
“… nuevos habitantes y muchos inmigrantes”.
Hay subordinación cuando se enlazan oraciones simples de manera que dependan de cualquiera de los elementos de la primera oración simple, en este caso, principal:
“La ciudad, que carece de espacio suficiente, acoge…”,
“… recibe nuevos habitantes, venidos de todo el país,…”.
La intención que dirige la construcción de los mensajes lingüísticos determina otra clasificación de las oraciones:
Declarativas: se afirma o se niega una aseveración:
“El campus universitario ofrece alternativas de comunicación”.
Interrogativas: se pregunta:
“¿Cuál es el medio informativo de la Facultad?”.

Imperativas: se ordena:
“Empuje la puerta”.
Exclamativas: se manifiesta una emoción o sentimiento de manera expresiva:
“¡Qué película tan espectacular vimos!”.

Los enunciados

El ámbito de esta unidad ya no es la gramática, sino la interacción comunicativa. Por ello, la definición del enunciado comprende varios aspectos: puede ser el resultado del acto de hablar; también el enunciado puede delimitarse físicamente con la parte del discurso comprendida entre pausas; y de otra parte, puede considerarse la producción lingüística en una situación comunicativa. Así, una respuesta como “sí”, una intervención como “¿podría hacerle una pregunta?”, y expresiones como “¡me hubieras dicho!”, “¡claro!”, “mi vinculación es temporal y estoy en la búsqueda de algo mejor, sí señora”, son todos ellos enunciados.
Algunos enunciados concuerdan con la noción de oración, pero la mayoría consta de varias oraciones o de partes de oración que adquieren sentido en el contexto comunicativo. En el habla coloquial, por ejemplo, generalmente suprimimos información implícita y redundante en las respuestas. A la pregunta “¿qué horas tiene?”, respondemos “20 para las 5”, enunciado que omite gramaticalmente partes de una oración que está allí implícita: “faltan 20 minutos para que sean las 5:00”.



Los textos o discursos

La situación comunicativa también nos permite distinguir grupos de enunciados, agrupados lógica y gramaticalmente dentro de eventos de habla concretos y funcionales; nos referimos a los textos o discursos.
Diálogos, conferencias y narraciones orales son ejemplos de unidades discursivas que corresponden al ámbito del habla oral; mientras que diarios, informes, memorandos, novelas y ensayos pertenecen al nivel escrito. Los discursos tanto orales como escritos deben regirse por normas de secuencialidad que les permitan tildarse de lógicos, coherentes y cohesivos, desde puntos de vista retóricos, semánticos y gramaticales.
Al momento de iniciar la construcción del mensaje, se inicia la organización del discurso desde los niveles gramaticales funcionales (fonemas, morfemas) hasta los niveles enunciativos que permitan manifestar todo el significado del mensaje verbal. Existe entonces una articulación de unidades sonoras y morfológicas en la oración, y una organización de enunciados hasta llegar al discurso, que adquiere pleno sentido en la interacción comunicativa.
Para terminar este recuento de las unidades lingüísticas que componen los mensajes verbales, acudimos a las palabras del semiólogo y lingüista belga Eric Buyssens, quien afirma: “Todo lo que la lengua nos impone es una articulación lingüística y no una articulación de nuestro pensamiento. Si la lengua condicionara nuestro pensamiento, siempre atribuiríamos las mismas ideas a las mismas palabras. Si nuestro pensamiento fuera prisionero del molde de nuestra lengua materna, sería imposible que aprendiéramos otra lengua”.



Bibliografía

González Rátiva, M. C. (2008). Expresión oral y escrita. Medellín: Universidad de Antioquia

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